sábado, 15 de octubre de 2011

A la hora del silencio, cuando el tiempo se haga visible con una luz de una mano que no escribe poesía sino que la vive, una vela se quitará la cabellera y rendirá culto con ella al silencio en do mayor, una esquina de una esquina se pintará el blanco de tiempo y gritará que todos los golpes que ha recibido en la vida fueron flor
y las cosas se volverán rojas y amarillas, y amanecerá la noche en un capullo de amapolas listas para conocer el tiempo en donde una guitarra tocó las delicias de una piel virgen y una voz dirá que no hay mejor en la vida que ser cielo, que no hay mejor modo que morir en el silencio de tu boca cuando se iza en un beso, cuando tu mirada explota y destruye mi vida para renacer en tu vientre.
Read rest of entry

Reflexión en un lado del camino


A una retaliva edad,
uno se sienta en el polvo que no se hizo tiempo conjugado,
regresa su mirada a una palabra que nunca dijo,
se quita las zapatos y se pone a  examinar en sus suelas,
la tierra que dejó rastros en la planta de sus pies
y piensa...
que ya no falta mucho para la hora de cenar
sin hoguera que caliente sus manos.
Read rest of entry

martes, 27 de septiembre de 2011

Si descubro


Si descubro tu cuerpo,
la curvatura de tus uñas que hacen relámpagos en mi espalda;
si descubro una noche,
la inmensidad de tus cabellos que componen el pentagrama de mi vida;
si descubro tu silencio,
comiendo mis palabras envueltas en una tela roja...,
sabré que tu nombre es el mío
que tu respiración es el espacio que nunca se marchita
que tu boca es el infinito que alberga mi vida en una simple palabra.
Read rest of entry

jueves, 18 de agosto de 2011

Cosa, palabra y voz


Hay cosas que uno nunca imagina. Cosas como el canto de un ave en el lugar menos insospechado, el tronar de un rayo en un día de sol o toparse con aquella persona que nos mueve el corazón en el momento en que uno se siente tierra.
Hay cosas que dan sentido a la vida y otras que le dan una sinrazón. Palabras, miradas, olores y huellas que determinan hacia donde uno debe o no ir.
Hay recuerdos que se hacen agua, que se hacen fuego, que suben al cielo buscando una nube donde descansar, que abren sanjas en la tierra buscando un por qué, que montan un silencio y se van sin dejar rastro en una boca.
Hay historias que no deben ver la luz de un libro, historias que nunca tendrán un punto final, historias para ciegos que no oyen, historias que mueren de pie, que se caen de los cuadernos, que no tienen tinta ni papel, que no nacieron, que se hacen el suave tintineo de una campana que nunca estuvo en el momento preciso, que nunca tuvo voz.
Read rest of entry

jueves, 14 de julio de 2011

Poema que quiso ser canción y que se posó sobre un blog.


Buscaré una historia en tu historia,
bañaré mi sueños en el color de tu verdad.
Quitaré el ceño de mi boca
y la abriré al cielo en busca de una gota de tu amor.
Trataré de ser el fugo de tus ojos
y cada huella tuya la dibujaré en mi piel.
Trataré de escribir en tu memoria
y pondré mi nombre junto a tu voz.
Pero de una cosa estoy seguro
que mi corazón entra en el reglón de tu corazón
y que este poema loco
redoblará en los rinconces de todo tu corazón.
Read rest of entry

martes, 19 de abril de 2011

I


he de saber que si tu boca no es mía
las palabras se caerán de mis libros
los versos volarán como las hojas en el otoño
y las caricias en la hoja se volverán ceniza.

he de saber que mi vida no es vida sin la tuya
pues todo mi mundo se construye con las palabras
más elementales que brotan de tu cuerpo
y que iluminan tu boca en mi vida
Read rest of entry

miércoles, 16 de marzo de 2011

Siempre hay alguito de esperanza


Hay momentos en los que uno se siente hasta las patas y no dan ganas de levantarte de la cama, ni de asomarte por la ventana en busca de algo que te haga diferente el día, y solo te queda un simple cosa: deprimirte.

Más aún si es que te levantas y enciendes el televisor y ves las noticias y te encuentras con accidentes, muertes, desastres naturales, idioteces de políticos y nada de esperanza que te haga cincelar una sonrisa en tu rostro.

En esos momentos uno piensa que nada debería existir, que el hombre es una sinrazón en este mundo y que la caga cada vez más pensando solo en un hoy y en su bolsillo. Y esta idea se refuerza cada vez que sales a la calle, que tomas tu movilidad para ir a estudiar o trabajar, o simplemente cuando alguien te mira mal sin razón alguna y tú te empinchas y tratas de responderle con adjetivos inexistentes que traten de denigrar.

Pero son esos momentos en los que uno tiene que pensar, algo que nos cuesta tanto, tranquilizarse e intentar dibujar una esperanza en la frente para que la sientas y los demás la vean.

No quiero entrar en cursilerías ni en un positivismo "belmontnesco", tan solo quiero creer (y he allí el origen de este post) que todo en este mundo no es basura ni estiércol. Y que si bien el mundo tiene un lado que merece ser vomitado o excretado del cuerpo; aún hay algo por el que se puede mover los labios, las manos, los pies, los sueños.

Y ese algo, que cada uno sabe perfectamente qué es (o que aún no llega a muchas vidas, basta con tan solo pensar para solucionar ello), es lo que nos llevará a construir una esperanza, a luchar, a pesar de que tengamos los pies de arcilla o la boca llena de piedras.

Sé que es duro avanzar, si no tienes pies; y llenar hojas, si es que no tienes manos, pero he allí la locura de la vida: luchar porque se quiere luchar, moverse por alcanzar algo o tratar de llegar a alguien a pesar de que esa tarea sea algo infernal. Una locura que ha movido manos, años y sueños.

La cosa no está en tratar de llegar a ese ideal, sino en hacer el camino, en caminar, así el mundo te diga que no, así el lodo llegue hasta tu cuello y sientas que este planeta es de mierda y que nada tiene solución. Pero, a pesar de ello, haz el intento, deja de lado la razón, vístete de loco y camina y camina y camina.
Hay momentos en los que uno se siente hasta las patas y no dan ganas de levantarte de la cama, ni de asomarte por la ventana en busca de algo que te haga diferente el día, y solo te queda un simple cosa: deprimirte.

Más aún si es que te levantas y enciendes el televisor y ves las noticias y te encuentras con accidentes, muertes, desastres naturales, idioteces de políticos y nada de esperanza que te haga cincelar una sonrisa en tu rostro.

En esos momentos uno piensa que nada debería existir, que el hombre es una sinrazón en este mundo y que la caga cada vez más pensando solo en un hoy y en su bolsillo. Y esta idea se refuerza cada vez que sales a la calle, que tomas tu movilidad para ir a estudiar o trabajar, o simplemente cuando alguien te mira mal sin razón alguna y tú te empinchas y tratas de responderle con adjetivos inexistentes que traten de denigrar.

Pero son esos momentos en los que uno tiene que pensar, algo que nos cuesta tanto, tranquilizarse e intentar dibujar una esperanza en la frente para que la sientas y los demás la vean.

No quiero entrar en cursilerías ni en un positivismo "belmontnescos", tan solo quiero creer (y he allí el origen de este post) que todo en este mundo no es basura ni estiercol. Y que si bien el mundo tiene un lado que merece ser vomitado o excretado del cuerpo; aún hay algo por el que se puede mover los labios, las manos, los pies, los sueños.

Y ese algo, que cada uno sabe perfectamente qué es (o que aún no llega a muchas vidas, basta con tan solo pensar para solucionar ello), es lo que nos llevará a construir una esperanza, a luchar, a pesar de que tengamos los pies de arcilla o la boca llena de piedras.

Sé que es duro avanzar, si no tienes pies; y llenar hojas, si es que no tienes manos, pero he allí la locura de la vida: luchar porque se quiere luchar, moverse por alcanzar algo o tratar de llegar a alguien a pesar de que esa tarea sea algo infernal. Una locura que ha movido manos, años y sueños.

La cosa no está en tratar de llegar a ese ideal, sino en hacer el camino, en caminar, así el mundo te diga que no, así el lodo llegue hasta tu cuello y sientas que este planeta es de mierda y que nada tiene solución. Pero, a pesar de ello, haz el intento, deja de lado la razón, vístete de loco y camina y camina y camina.
Read rest of entry

jueves, 27 de enero de 2011

Reflexión de un papá de un año


Hace un año, a estas horas (3:30 a.m.), me encontraba preocupado esperando en un cuarto de un hospital la llegada de la que hasta hoy, y desde hace casi 13 años, es mi pareja. Me encontraba preocupado, pero a la vez feliz: había visto cómo había nacido una personita tan diminuta, delicada y dulce, con cara de sapito (esa cara que los bebés tienen al nacer). Había sentido su peso en entre mis brazos, su olor, su llanto que rompía el silencio de mi alma.

Fue una de las cosas más bellas que una persona puede sentir. Saber que algo nace de ti, que algo se desarrolla en un vientre y que es tan tuyo que nada ni nadie se puede comparar. Inclusive, desde meses antes del nacimiento, cuando sientes que reconoce tu voz y se mueve en ese mar de intrigas y de esperanzas que es el vientre de una mujer.

Hasta que lo ves nacer, lo ves moverse, lo ves salir a un mundo que aún te deja dudas, a un lugar hostil que te preocupa día tras día… Pero todo eso se va al carajo. Ya que esa personita ya llegó a tu vida, ya le dio un sentido a un camino (o hace un camino adicional) a lo que eres. Y piensas que no estás preparado para asumir tu rol de padre o madre, y te vienen las dudas si es que lo estás haciendo bien, si es que valdrá la pena gastar tanto esfuerzo en un ser indefenso que aún no se da cuenta de que estás allí… Hasta que una mañana te sonríe antes de ir a trabajar: felicidad total.

Años atrás pensaba que esta etapa en mi vida iba a ser distinta, a otra edad, en otras circunstancias, quizá más preparado. Pero lo bueno de la vida, es que justo te da las cosas en el momento preciso (sean estas desgracias o felicidades), cuando te encuentras preparado para ellas, aunque a veces parezca que no. E indudablemente, las cosas cambian con la llegada de un niño, pero todos los desvelos, las peleas con la pareja, las preocupaciones económicas de que si el sueldo se estira o no, el tener que dejar tus gustos de lado por comprarle algo a ese niño que se divierte con cada mueca extraña que haces, todo eso, sí vale la pena y no lo cambiarías por nada del mundo.

Como empecé este texto, hace un año, a estas horas, me encontraba preocupado, esperando al costado de la cama de un hospital, a la madre de mi primer hijo. Preocupado porque no llegaba de la sala de operaciones, pero muy feliz por mi bebé y muy agradecido con ella, porque me dio la bella oportunidad de ser padre.

Ahora, un año después, los veo a los dos durmiendo plácidamente uno junto al otro en una cama que quizá no la haya comprado yo, con problemas que aún existen, en un mundo que aún es un reto inmenso; pero feliz porque comprendí que el amor que existe en una familia es la unión más fuerte que puede haber.


Read rest of entry