domingo, 19 de septiembre de 2010

pregúntame


pregúntame por qué escribo
por qué me escondo en la sombra de una piedra

pergúntame por qué dejo caer lluvia en un nombre
por que mé hize tres si ni siquiera sabia ser uno

pregéntame por mis sueños
por los suelos que pisé y por los que nunca encontré

pregúntame por mis números
por mis letras y por los meses que existen y que no sé cómo pronunciarlos

pregúntame por mi sombra
por los sombreros que se caen en otoño
por los soles que no florecen en primavera
por los besos que no se convierten en mariposas

pregúntame por mi sexo
por la forma en cómo camino cuando me erecto
por el cigarro que dejo medio prendido cuando me recuesto luego de la vida

pregúntame por la vida
por la muerte y sus besos tímidos
por los amaneceres
por los anochereces
por la forma de una primera sonrisa
por la duda que no se mastica
por el dedo que se envuelve en un puño

pero eso sí, nunca,
pero nunca preguntes por mi nombre
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miércoles, 8 de septiembre de 2010

A propósito de Mistura 2010


Acabo de regresar de la celebrada feria gastronómica de Mistura, que en su tercera edición trata de romper los esquemas y demostrar que la gastronomía peruana es una de las mejores del mundo, y que una celebración como está puede convertirse en algo internacional.

Sin embargo, más allá de las cosas sabrosas que consumí con celeridad y una bien amada gula, lo que más me gustó fueron aquellas palabras de Gastón Acurio, que si bien no las recuerdo con exactitud, pueden verse en una gigantografía casi en la parte central de la feria, las que expresan el profundo agradecimiento a nuestros campesinos peruanos porque sin ellos esta feria gastronómica no sería posible.

Y vaya que sí tiene razón Acurio, ya que sin ellos, agricultores, ganaderos y demás, nuestra cocina no sería una de las mejores del mundo. Pues ellos son ese primer engranaje de toda la maquinaria en que se ha convertido la gastronomía peruana. Ellos son los encargados de plantar, cuidar, regar, cosechar, seleccionar, enviar, e incluso, envasar y hacer de sus productos elementos de primer nivel.

Claro que son esas cosas las que muchos de nosotros ignoramos y sólo nos centramos en alabar el boom gastronómico y echarle flores a los más reconocidos cocineros, quienes tan sólo transformar con arte esa materia prima elaborada por los campesinos. Gente del campo que ha empezado a tener presencia en Mistura gracias al Gran Mercado, en donde se pueden encontrar cosas directamente traídas del mismo campo y vendidas por los mismos campesinos.

Por otro lado, me dio gusto ver cómo la comida rompe los estratos sociales y hace uno al peruano. Ver como un señor de clase A come una papa rellena de tres soles con su emoliente de dos lucas o a esa señora con rasgos andinos pidiendo unos ravioles de un conocido restaurante miraflorino, son cosas que sólo se pueden ver en Mistura, un lugar en donde la comida hace que todos seamos iguales.

No lo voy a negar, la pasé muy bien, comí de todo un poco, piqué dulces de las tres regiones del Perú, platos de no había pensado en provar nunca y demás cosas que hicieron que el monto gastado valga la pena.

Aún quedan 5 días para ver cómo la gastronomía hace mejor al Perú, para degustar placenteramente porque somos una potencia mundial gastronómica, para llenarnos la barriga y dormirnos ahítos sin ninguna vergüenza. Gracias Gastón, gracias Apega, gracias a la empresa privada que invirtió en esta experiencia de peruanidad. Y acabo rápido este post porque en la mesa me espera un suspiro a la limeña que me traje de Mistura y me pide que lo termine de comer.


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martes, 7 de septiembre de 2010

El diablo danzador


Rodolfo se levantó con la ayuda de Marcos, sus ojos aún estaban desorbitados, temerosos, lloraba, trataba de hablar, pero tartamudeaba. La gente que lo rodeaba comentaba que era imposible, que estaba loco, que quizás había bebido mucho, que de seguro había consumido algún estupefaciente; pero otros confirmaban, en voz baja, lo que había dicho ver antes de perder la conciencia.

Claro, no se puede hablar de estas cosas en estos momentos, justo ahora cuando la lluvia se mostraba mas feroz, haciendo que los trajes de diablos sean más difíciles de sostener, sobre todo por el piso mojado.

-Repite lo que has visto, le interrogó Marcos.
-...
-Rodolfo, repite lo que has visto. !Por favor¡
-Supay, el supay, estaba danzando... a nuestro lado.

Marcos vio nuevamente como el cuerpo de su amigo se desplomaba luego contestarle. Pero era imposible, su lado racional no podía concebir esa idea. Pensó que de seguro su amigo se había confundido con alguno de los cientos de bailarines que esos días tomaban Puno por asalto. Además recordó que Rodolfo había bebido y  que quizás el cansancio le hacía desvariar.

Dejó a su amigo en una de las postas de la ciudad. La función debía de continuar, un danzante en plena Fiesta de la Candelaria debía de bailar así su cuerpo no tuviera fuerzas, pues ese era el deber: dar todo de sí por la Virgen, pues se bailaba no para ganar el concurso de danzas, sino como parte de una extraña pero sacrificada adoración a la Mamacha Candelaria.

Luego de recorrer unas cinco cuadras, llegó el momento de bailar por la avenida principal de Puno, la avenida Lima, en donde debía lucirse frente a los turistas y a las chicas más bonitas de la ciudad. Por ello decidió esforzarse al máximo, cuando creyó que sus ojos le jugaban una mala pasada.

En medio de las máscaras de diablos, junto a las chicas que danzaban vestidas de ángeles con esos vestidos de colores platinados y brillantes, creyó ver algo que no debía estar allí. Un ser con camisa blanca y patas rojas de caballo, danzaba alegremente. No podía distinguir si era un disfraz bien elaborado o una cabeza real con ojos desorbitados y pupilas rojas, con largas pestañas y cuernos inmensos que tenían amarrados en la punta cintas de colores.

Cerró los ojos, eso no podía suceder, no debía de estar allí. Pero recordó las palabras de su abuelo. "A veces el supay, el diablo aparece en plena fiesta pues quiere divertirse como un hombre, mover su cuerpo al ritmo de las orquestas, emborracharse porque sabe que la Virgen no lo mira, porque ella no está presente, porque esos días el diablo tiene licencia para caminar entre los hombre, seducir a las mujeres y vivir como uno de ellos".

Por supuesto que todo eso eran cuentos, leyendas; pero..., ¿si era cierto?, ¿si Rodolfo no mentía? Marcos se dio fuerzas y continuó bailando, hasta que sintió un olor extraño que venía detrás de él. Era azufre, no quiso mirar hacía atrás. Bailó con más ahínco y comenzó a rezar, pero el olor no se alejaba, sino se acercaba, como si estuviera a su costado.

No pudo más, algo le impulsaba a voltear y lo vio. Era un ser alto como de dos metros, que bailaba con alegría y que dejaba un rastro de fuego luego de cada movimiento, poseía una cola como la de un puma, con unos cuernos grandes que no tenían en las puntas cintas de colores sino especies de nervios o venas de humanos, con una pelaje de animal que era cubierto por una especie de disfraz hecho por pieles de personas. Y esos ojos que no tenían profundidad, que lucían vacíos y que eran como el abismo para las almas perdidas. Pero al diablo, por más amenazante que parecía, se mostraba alegre, danzando mejor que nadie, mostrando toda su gala y soberbia.

Marcos no lo podía creer, se mantenía en pie de forma mecánica, viendo como aquel ser inimaginable bailaba al ritmo de la diablada. Sin embargo, cuando el diablo se le acercó para entregarle una cerveza, como siempre se suele hacer en estos pasacalles, se desplomó y empezó a botar espuma por a boca, tal como le había sucedido a Rodolfo.
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miércoles, 1 de septiembre de 2010

Crónica apócrifa - Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia


Érase una vez un alemán de Freiburg que un día tuvo la loca idea de coger sus chivas y visitar al Perú como parte de ese sistema de voluntariado que "ofrece" el gobierno Alemán a sus jóvenes.

Ese alemán de raza aria pero de mente cobriza, cayó en el Perú y gustó uno de sus especiales ritos socioantropológicos llamado pollada. Lugar en donde lo conocí en pleno torneo mundial de fútbol, con una chela bávara en mano y degustando una presa de pollo a medio cocinar.

Cuando lo vi sentado en medio de esas cajas de chelas pensé que era uno de esos amiguitos pitucos[1] de mi pata; aunque sí era amigo de mi amigo, no puede distinguir que era germano, ya que al verlo pensé que era un cajamarquino acharlizado o un hijo ilustre de Pozuzo perdido en la gran Lima.

Me le acerqué pensando que cosas hablar con él. Alemania, pensé, quizá el mundial de Alemania 2006 o sobre qué suerte tuvo la mascota de dicho evento, el recordado Goleo; pero le hice la pregunta clásico que se hace cuando se tiene un encuentro de tercer tipo con un extranjero: qué hace en el Perú.

Me comentó de sus proyectos, de ese conciencia social que se desarrolla en Europa ante la problemática de los sempiternos "países en desarrollo", lo que me hizo pensar por un momento que hablaba con un neo hippy[2]; pero analizándolo bien no. Le comenté de mis actividades en varias ONG, de la labor que hacíamos en la parroquia barrial y demás cosas en que coincidimos.

Las palabras que cruzamos fueron sazonadas con el mencionado pollo a medio cocer acompañada de unas chelas bien heladas de marca Pilsen Callao y todo bajo una música no muy peculiar en una pollada que digamos: rock británico. Todo eso hizo posible que este alemán me confesara que era amante no solo del hard rock, sino del new wave y del indie; pero que también había escuchado al mítico Héctor Lavoe, a Andy Montañés y a la Sonora, es decir, clásicos de la salsa.

Pero cómo un alemán era amante de la salsa y del rock ochentero. No era un arti[3] ni un posero, era una persona original, que conoció la "buena música" por medio de un amigo en su ciudad natal que era nada menos del primer puerto del Perú: el Callau, pe' varón. Amigo que lo incentivó a venir al Perú y que lo hizo pisar tierras de Comas, en un primer momento, para luego radicar un par de meses en el Callao, en donde aprendió las buenas mañas de hacer un aceptable ceviche a base de limón, cebolla y sal.

Su "voluntariado" lo llevó a trabajar en una parroquia, a interactuar con gente de ONG, con la Asociación Civil Transparencias, coordinando proyectos sociales de desarrollo y demás cosas que buscaban hacer algo por el mítico y maltratado "bien común". Estas actividades llevaron a que el alemán de 25 años aprenda a tomar combi, a pagar una "china" en ella, a incrementar sus jergas, a comer en carretilla, a tomar cerveza en grupo con un solo vaso; es decir, se hizo peruano; o, mejor aún, se hizo chalaco.

Este fin de semana lo dejamos partir rumbo a su Freiburg, pero no sin antes demostrar que las "buenas costumbres" del Perú se le habían pegado: el avión lo dejó por tardón. En otras palabras, demostró que merece ser nacionalizado peruano, tan peruano como el ceviche que amaba, tan peruano como aquel DNI falsificado en Azángaro que ya le hemos sacado y que le espera acá en Perú para su próxima y prometida visita.

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[1] Pituco: Palabra que tiene como función describir a gente adinerada que ostenta y se vanagloria con sus posesiones. Palabra usada por el cantante popular Abelardo Gutiérrez en su exitoso tema "I have a pituca".
[2] Neo hippy: Persona del siglo XXI que comparte cierta ideología con aquella corriente pseudo existencialista desarrollada en la década de 1960 que buscaba el "peace and love" y un nuevo orden mundial sobre la base del amor.
[3] Arti: Aparte de ser una corriente intelectual. Se conoce como arti a aquellas personas que utilizan el arte como elemento diferenciador de otras. Palabras simples, una persona que por el mero hecho de conocer arte se cree superior a los que no toman interés por las expresiones artísticas.
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