martes, 24 de agosto de 2010

85 kilotones de realidad


Es cierto, estoy gordo. La verdad es que nunca me ha gustado creer que tengo sobrepeso, pero mi imago me dicta que luzco bien, que la ropa me queda aceptablemente, que inclusive tengo un poco de gracia.
La verdad es que he subido de peso desde hace algunos años, aunque he de confesar que nunca en mis 28 años de vida me han dicho "habla, flaco", aunque sí "habla, chino", aunque que de chino no tenga ni el cabello. Lo que sí he escuchado muchas veces es "Oe, gordo", claro que con un cierto cariño por amigos, pero nunca por parte de las personas que quiero.
A excepción de mi madre, que me mira con sorpresa cada vez que me quedo en polo, nadie me llama gordo así por así. Pero ultimamente también mi pareja, la bella S, me dice de cuando en cuando "gordito". Y mi ego se resiste a creer que sea algo cierto.
Pero todas mis alucinaciones (ojo que nunca he dicho: "Tócame que soy realidad") se van por la rejilla del lavadero cuando me subo, cada vez menos, a la balanza, la cual me escupe una realidad básica y letal: estoy subiendo de peso.
Mi última pesada en la balanza de mi casa, arrojó como resultado que había subido 1/16 de mi peso total, en castellano, subí 5 kilogramos. Lo que hace que ahora mi peso corporal sea de 85 kilotones. Traumante, ¿no?
Creo que mi problema no tendría mayor trascendencia si es que no viviéramos en una sociedad que rinde culto al cuerpo, al cuerpo perfecto, al que no tiene rollitos que se descuelguen por un costado de la correa, al que se aprecia como si fuese un dios.
Es la moda, la bendita moda, la que nunca conoció Botero, a la nunca fue adepto Goya con su maja desnuda, a la era ajena al incipiente cine de inicios del siglo XX que exaltaba el cuerpo rolludo pero contorneado, a esa estética de Venus de Willendorf que alguna vez predominó en el mundo.
Pero claro, el mundo de la moda y el cine tuvieron que darse la mano cuando la recordada Coco Chanel escupió su máxima: "Nunca se está demasiado delgada". Frasecita que fue seguida al pie de la letra por las bellas actrices Audrey Hepburn y Katherine Hepburn, quienes impusieron la moda en Hollywood de lucir flaca, lo que luego fue copiado por los actores y sus fans que pretendían lucir como sus ídolos. Ni que decir de Da Vinci, quien escribió en sus diarios cómo deberían ser los modelos corporales idóneas según la geometría y su Hombre de Vitruvio, del cual se derivó el 90-60-90.
Mmm..., toy gordo, ps. Y quizá suba un poco más de peso, pero, claro, siempre evitando que eso altere mi salud. Sin embargo, como dice el dicho, así me quieren.

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