martes, 18 de mayo de 2010

Reflexiones cuasihistóricas de Túpac Yupanqui


Cuesta mucho revelar un secreto sobre todo a alguien que no conoces o a un grupo de personas a los que llamas con cierta desconfianza “compañeros”, más aún si es un defecto que debes (sé sabe que todo el mundo se da cuenta de tus defectos menos tú).

Viendo en el baúl de mis defectos y de mis constantes equivocaciones en la vida, me quedo con dos: mi constante nerviosismo y una cierta intolerancia que trato de solapar.

De lo primero se sabe mucho, se huele también. Mi modo de hablar de manera apresurada, atropellada, es uno de los defectos que siempre me ha caracterizado, aunque he tratado de disimularlo haciéndome el intelectual o el popular “chancón”. Una anécdota que recuerdo con humor me sucedió de niño, creo que entre los 10 ó 12 años.

Cursaba la primaria, creo; pero lo que sí tengo seguro es que fue en una clase de educación física. Sí, todos en shorcito, el polito de ganso con mangas de inicios de los noventa. Recuerdo que el profesor de ese curso se puso a hablarnos de los orígenes del fútbol (fue la única clase que ese profesor nos dio, el resto era hacer extravagantes piruetas y jugar fulbito) y que decía que los incas practicaban un deporte muy similar al balón pie, pero que lo hacían empleando un especie de pelota elaborada por la vejiga inflada de un animal, el profesor dijo de chancho, pero sabemos que en el tiempo de los incas no había ese tipo de animales; por lo que diremos, para quedar bien con mi profe, que era un carnero creo.

El hecho fue que yo ya había escuchado, no recuerdo de dónde, que el inca Túpac Yupanqui fue el que había practicado este protofútbol; un dato que me falló en el momento preciso que el profesor preguntó si es que alguien sabía quién había practicado fútbol en el tiempo de los incas.

Yo, cancherazo y con una cierta presunción, levanté mi mano como nunca y respondí “Pachapachapachapachapachapachapachapachapacha… cuted”, claro, tartamudeando más de los costumbre por hablar frente a mis compañeros. ¡Rochesazo! Aparte de mi mal forma de hablar, mi respuesta era incorrecta. El profe, viéndome con cara de quien mira a un extraterrestre con retardo mental (mirada que ya conozco de sobra), me dijo en tono paterno que mi respuesta era errada, que el que había “jugado fútbol” en la época incaica era el inca Túpac Yupanqui.
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Otra de mis defectos es que, a pesar de saber que una persona se comporta como se comporta por algunas lecturas de psicoanálisis, no logró entenderlas muy bien; es decir, entiendo por qué las personas se comportan de ese modo, mas no lo entiendo o, como diría un profe de antaño de la universidad, “no lo asimilo”.

Es que cuesta saber que a pesar de que sabes el origen o los traumas de unas personas, te muestras siempre algo intolerante, sobre todo al ver que dichas personas se comporten como simios sueltos en la ciudad.

En fin, creo que debería de aprender que el antídoto de la intolerancia es la comunicación, pues conversando se llega a entender a las personas; pero es algo que cuesta si es que los códigos de comunicación entre estas personas y uno son tan disímiles como las edades.

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