sábado, 16 de enero de 2010

Carta para un niño que no quiere venir



La verdad es que desde aquí te esperamos con ansias, si vieras como hemos remodelado algunas habitaciones de la casa, nuestras vidas mismas, sin contar cómo ha cambiando nuestro cuerpo por saber el color de tu sonrisa.

Si supieras cuántas noches velamos un café por saber que estuvieras bien, cuánto tiempo tu madre ha tratado de parecer normal frente a algo que no aún no podemos creer, cuántas hora se hicieron tiempo para pensar en ti y en el modo en cómo nos dirías papá o mamá.

Sabes, los abuelos preguntan por ti, los amigos apuestan por el color de tu mirada, los tíos se preguntan si acaso mañana podrán cogerte entre brazos y decidir a quién te pareces.

No lo dudes todos acá te esperamos, contamos las uñas que nos comemos pensando que esta noche quizá llegarás, te compramos cosas y decidimos con que color vestirte el primer día de tu llegada y soñamos con que tu primer llanto sea lo más hermoso que hayamos escuchado en la vida.

Quizá no sea mañana ni tampoco pasado mañana el día en que llegues, pero quisiera que supieras que desde acá tienes un espacio en este mundo que es un poco duro, pero no por eso hermoso y solidario, quizá escuches a muchos decir que "no se puede", quizá a mi mismo alguna vez me lo oigas decir, pero ten en cuenta que el miedo nos hace decir cosas de las cuales después nos vamos a arrepentir.

El mundo es duro, pero no por ello imposible..., quieres un ejemplo de que la vida triunfa siempre: mírate al espejo y sabrás que frente a tanto dolor, a tanto sufrimiento una sonrisa de la personas que más amas valdrá todo el esfuerzo.

Pequeño Andrés, desde acá te digo que si bien hace algún tiempo despotriqué contra todo lo que era el hecho de tener un hijo, te confieso ahora, con total sinceridad, que estaba totalmente equivocado, que uno nunca puede hablar de algo que no sabe. Para mi eres una de las cosas mejores que me ha pasado (claro, aparte de conocer a tu madre hace más de once años en una oscura biblioteca), ya que haces que el cielo torne otro rumbo, que la vida sea vista de otra manera y que mis ganas de saber que el mundo era un embrollo que nunca podría ser resuelto cambie totalmente.

Pequeño, hoy es 16 de enero del 2010, y espero tu llegada cuento las horas para ver tu rostro, para saber que uno sí puede llorar de felicidad, para conocer ese lado del amor que me falta conocer, para comprender que el mejor regalo que Dios nos dio es la vida. Como me dijo alguien alguna vez... No pienses en todo lo que pierdes, piensa en todo lo que vas a ganar.

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lunes, 4 de enero de 2010

Poema escrito mientras dormías

qué se necesita para escribir en un pedazo de tiempo
sin hacer que el café se enfrié
qué hace falta para coger el silencio y colgarlo de tus cabellos
sin derramar una lágrima en el río

sabes
a veces me convierto en noche y recojo los pedazos
de ilusión que muchas veces la vida me roba
y me envuelvo de tu aliento para saber que aún puedo colgar
un verso en la ventana que nos mira

sabes
hoy entiendo que nuestros caminos se hicieron más que uno
que las líneas de nuestras manos encontraron un punto fijo
en donde escribir el nombre de la vida

no te mentiré a veces me dejo caer, me pisan, me escupen
y me entierran con una roca sobre la cabeza
prenden las velas del rincón del silencio
y dicen que no puedo elegir que paso dar ni que camisa quemar
pero recuerdo tu voz, tu vientre, tu vida
y todo cambia
como aquel imperdible día de octubre
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