viernes, 24 de diciembre de 2010

Semireflexión de una Navidad


De todas las Navidades que he vivido, hay una que siempre me quedará en el recuerdo. No por los regalos ni por las decepciones, sino simplemente por lo aprendido y porque me di cuenta realmente de que esa persona era la persona.

Era diciembre del 2007 y el trabajo con una ONG en Puno que supuestamente debía tomar solo una semana, es decir, la última semana de noviembre, se alargó más de la cuenta quedándome solo y, muchas veces, sin dinero en un lugar cálido, pero ajeno para mí.

He de confesar que el hecho de estar misio me trajo muchas preocupaciones. No comía, dormía poco y terminé deprimiéndome (juro que trate de no hacer eso). Él único contacto que tenía con Lima, era el teléfono celular y las conexiones a Internet que eran limitadas para ese entonces en Puno.

Para no desanimarme más de la cuenta, una noche me puse a buscar canciones de Navidad. Y la que más me impacto fue la de la Banda Aid. Un conglomerado de artistas británico que en 1984 se unieron para combatir el hambre en África. "Do They Know its Christmas", se llama la canción. Juro que el 'punche' de esa canción me mantuvo sonriendo durante varios días y, creo, que me hizo derramar algunas lágrimas.

Lo que me ocurrió esos meses en Puno, es decir, un departamento de mi país. Me hace pensar dos cosas: que vivimos en un país con distintas naciones, cada una de ellas diferente; y que si yo me sentí así el poco tiempo que estuve lejos de todos, no imagino el sentir de muchas personas que no pasan junto a su familia estas fiestas y que está alejadas de ella por miles de kilómetros. Bueno, creo que esos son otras apreciaciones.

Volviendo al hecho. Aquella Navidad, que al inicio parecía que iba a ser una para el olvido, se volvió alegre, al enterarme días antes que mi enamorada, para ese entonces, iría a Puno a pasar conmigo las fiestas.

Ella llegaría justo el 24 de diciembre, a horas de la tarde (dos de la tarde, si no me equivoco). Está demás decir que una persona que recorre medio país tan solo para verte significa tan solo una cosa: que te ama.

Recuerdo que cuando la vi bajar del autobús, me hizo el hombre más feliz del mundo. Esta demás decir que recibimos las 12 de la noche juntos en la Plaza de Armas de Puno, pelándonos de frío y tratando de reventar algunos cohetecillos de contrabando boliviano.

Creo que esas son las Navidades que valen, aquellas en donde no se recibe regalos, sino gestos de amor inolvidables que te llenan el alma. En donde dejamos de lado lo material y nos centramos en la persona que amamos, en la familia, en el amor.


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viernes, 8 de octubre de 2010

Vargas Llosa, el nobel y demás ocurrencias


Desde que acabé la universidad la carrera de literatura en la San Marcos, el 2004, me dedicaba religiosamente todos los primeros días de octubre de cada año a despertarme temprano (5 ó 6 de la mañana porque a esa hora lo daban) para averiguar quién era el ganador del Premio Nobel de Literatura.

Sin embargo, la mañana del 7 de octubre pasó desapercibida para mí. Entre quedarme acostado en la cama pensando en otras preocupaciones, dejé de lado las noticias del nobel y me levanté para organizarme e ir a mi trabajo. Pero no sé qué pasó por mi cabeza y algo me obligó a prender el televisor (algo que casi nunca hago) y mi sorpresa fue ver unas letras en la pantalla que decían "Mario Vargas Llosa, Nobel de Literatura 2010", mientras la presentadora de noticias comentaba sobre sus obras y demás logros.

Me emocioné, salté y decidí ver en internet las notas en las páginas web de España, pues dudaba que hubiera algo escrito en las de Perú. Luego les mandé mensajes de textos a mis más estimados compañeros de la universidad... Es decir, una alegría y una locura.

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Ayer me puse a recordar cuál fue mi primer acercamiento a la extensa obra de Vargas Llosa. Mmm..., aparte de pintarle la cara (ponerles bigotes o travestirlos) en mis textos escolares, recuerdo que en esa época leí el clásico cuento de Los jefes, también conocido como 'Pichula Cuellar'. Pero agrego que no le presté la merecida atención. Años después, en mi etapa de preuniversitaria me embutí en un par de semanas La guerra del fin del mundo, debido a los comentarios de un profesor de literatura.

La guerra del fin del mundo me hizo soñar, sufrir, reír y llorar..., me hizo vivir. Fue la primera novela épica que me llenó y, para mí, su mejor obra universal porque muestra alegorías mundiales del poder, el fanatismo religioso, la familia, el pragmatismo, la sexualidad, la bondad, el militarismo. Luego vieron sus demás libros y algunas obras de teatro que, la verdad, no me parecieron muy buenas.

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Una de las cosas que no se me borra de la cabeza y que casi no hago, fue recibir una invitación por parte de un profesor de San Marcos a un evento, la presentación de las fotos de Morgana Vargas Llosa en una galería en Barranco. El profesor me dio la invitación ya que él no podía asistir porque se le cruzaba con una actividad académica (la verdad, creo que él me la dio porque era un gran regalo para un estudiante de literatura, le agradeceré siempre por ello); pero se coló una compañera, una señora, al escuchar el apellido Vargas Llosa.

Era seguro que en la presentación de las fotografías en Morgana iba a estar su padre, por eso decidí avisarle a un amigo que es fan de Vargas Llosa. Así fuimos los tres, no de la mano, sino en una combi hacia Barranco.

Al llegar nos topamos con una buena parte de la clase alta limeña, de apellidos compuestos y descompuesto, y nosotros, tres sanmarquinos esperando ver a Mario Vargas Llosa mientras nos distraíamos con las fotos de su hija y tomando copas de buen vino.

Hasta que llegó el buen Mario con su clásico peinado de hace más de seis décadas para saludar (o ser saludo) por todos los concurrentes. Es lógico decir que las fotos de Morgana fueron dejadas de lado para estar junto a Mario Vargas Llosa, posar para la foto o firmar autógrafos.

Nosotros no fuimos la excepción, luego de darle la mano y no tomarnos fotos (¡Por qué joraca no llevamos cámaras!). Él único que había ido preparado era mi amigo, quien tenía un libro de Vargas Llosa entre sus cosas, lo sacó, le prestó su lapicero (pues MVLl no tenía uno, plop) y le escribió una preciada dedicatoria con todo y nombre. Claro que antes le preguntó por su nombre. Ante la respuesta de mi amigo, Mario dijo: "Como el ... Brandon". Chistesito simplón que imagino se lo deben de hacer dicho medio mundo cuando lo conoce.

Entre más copas de vino y apagones en la galería nos fuimos felices de haber conocido al ahora nobel de literatura. Por si acaso, hasta ahora conservo la invitación y una de esas finas copas en donde bebí esa noche, copa "tomada" en medio de los apagones.
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domingo, 19 de septiembre de 2010

pregúntame


pregúntame por qué escribo
por qué me escondo en la sombra de una piedra

pergúntame por qué dejo caer lluvia en un nombre
por que mé hize tres si ni siquiera sabia ser uno

pregéntame por mis sueños
por los suelos que pisé y por los que nunca encontré

pregúntame por mis números
por mis letras y por los meses que existen y que no sé cómo pronunciarlos

pregúntame por mi sombra
por los sombreros que se caen en otoño
por los soles que no florecen en primavera
por los besos que no se convierten en mariposas

pregúntame por mi sexo
por la forma en cómo camino cuando me erecto
por el cigarro que dejo medio prendido cuando me recuesto luego de la vida

pregúntame por la vida
por la muerte y sus besos tímidos
por los amaneceres
por los anochereces
por la forma de una primera sonrisa
por la duda que no se mastica
por el dedo que se envuelve en un puño

pero eso sí, nunca,
pero nunca preguntes por mi nombre
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miércoles, 8 de septiembre de 2010

A propósito de Mistura 2010


Acabo de regresar de la celebrada feria gastronómica de Mistura, que en su tercera edición trata de romper los esquemas y demostrar que la gastronomía peruana es una de las mejores del mundo, y que una celebración como está puede convertirse en algo internacional.

Sin embargo, más allá de las cosas sabrosas que consumí con celeridad y una bien amada gula, lo que más me gustó fueron aquellas palabras de Gastón Acurio, que si bien no las recuerdo con exactitud, pueden verse en una gigantografía casi en la parte central de la feria, las que expresan el profundo agradecimiento a nuestros campesinos peruanos porque sin ellos esta feria gastronómica no sería posible.

Y vaya que sí tiene razón Acurio, ya que sin ellos, agricultores, ganaderos y demás, nuestra cocina no sería una de las mejores del mundo. Pues ellos son ese primer engranaje de toda la maquinaria en que se ha convertido la gastronomía peruana. Ellos son los encargados de plantar, cuidar, regar, cosechar, seleccionar, enviar, e incluso, envasar y hacer de sus productos elementos de primer nivel.

Claro que son esas cosas las que muchos de nosotros ignoramos y sólo nos centramos en alabar el boom gastronómico y echarle flores a los más reconocidos cocineros, quienes tan sólo transformar con arte esa materia prima elaborada por los campesinos. Gente del campo que ha empezado a tener presencia en Mistura gracias al Gran Mercado, en donde se pueden encontrar cosas directamente traídas del mismo campo y vendidas por los mismos campesinos.

Por otro lado, me dio gusto ver cómo la comida rompe los estratos sociales y hace uno al peruano. Ver como un señor de clase A come una papa rellena de tres soles con su emoliente de dos lucas o a esa señora con rasgos andinos pidiendo unos ravioles de un conocido restaurante miraflorino, son cosas que sólo se pueden ver en Mistura, un lugar en donde la comida hace que todos seamos iguales.

No lo voy a negar, la pasé muy bien, comí de todo un poco, piqué dulces de las tres regiones del Perú, platos de no había pensado en provar nunca y demás cosas que hicieron que el monto gastado valga la pena.

Aún quedan 5 días para ver cómo la gastronomía hace mejor al Perú, para degustar placenteramente porque somos una potencia mundial gastronómica, para llenarnos la barriga y dormirnos ahítos sin ninguna vergüenza. Gracias Gastón, gracias Apega, gracias a la empresa privada que invirtió en esta experiencia de peruanidad. Y acabo rápido este post porque en la mesa me espera un suspiro a la limeña que me traje de Mistura y me pide que lo termine de comer.


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martes, 7 de septiembre de 2010

El diablo danzador


Rodolfo se levantó con la ayuda de Marcos, sus ojos aún estaban desorbitados, temerosos, lloraba, trataba de hablar, pero tartamudeaba. La gente que lo rodeaba comentaba que era imposible, que estaba loco, que quizás había bebido mucho, que de seguro había consumido algún estupefaciente; pero otros confirmaban, en voz baja, lo que había dicho ver antes de perder la conciencia.

Claro, no se puede hablar de estas cosas en estos momentos, justo ahora cuando la lluvia se mostraba mas feroz, haciendo que los trajes de diablos sean más difíciles de sostener, sobre todo por el piso mojado.

-Repite lo que has visto, le interrogó Marcos.
-...
-Rodolfo, repite lo que has visto. !Por favor¡
-Supay, el supay, estaba danzando... a nuestro lado.

Marcos vio nuevamente como el cuerpo de su amigo se desplomaba luego contestarle. Pero era imposible, su lado racional no podía concebir esa idea. Pensó que de seguro su amigo se había confundido con alguno de los cientos de bailarines que esos días tomaban Puno por asalto. Además recordó que Rodolfo había bebido y  que quizás el cansancio le hacía desvariar.

Dejó a su amigo en una de las postas de la ciudad. La función debía de continuar, un danzante en plena Fiesta de la Candelaria debía de bailar así su cuerpo no tuviera fuerzas, pues ese era el deber: dar todo de sí por la Virgen, pues se bailaba no para ganar el concurso de danzas, sino como parte de una extraña pero sacrificada adoración a la Mamacha Candelaria.

Luego de recorrer unas cinco cuadras, llegó el momento de bailar por la avenida principal de Puno, la avenida Lima, en donde debía lucirse frente a los turistas y a las chicas más bonitas de la ciudad. Por ello decidió esforzarse al máximo, cuando creyó que sus ojos le jugaban una mala pasada.

En medio de las máscaras de diablos, junto a las chicas que danzaban vestidas de ángeles con esos vestidos de colores platinados y brillantes, creyó ver algo que no debía estar allí. Un ser con camisa blanca y patas rojas de caballo, danzaba alegremente. No podía distinguir si era un disfraz bien elaborado o una cabeza real con ojos desorbitados y pupilas rojas, con largas pestañas y cuernos inmensos que tenían amarrados en la punta cintas de colores.

Cerró los ojos, eso no podía suceder, no debía de estar allí. Pero recordó las palabras de su abuelo. "A veces el supay, el diablo aparece en plena fiesta pues quiere divertirse como un hombre, mover su cuerpo al ritmo de las orquestas, emborracharse porque sabe que la Virgen no lo mira, porque ella no está presente, porque esos días el diablo tiene licencia para caminar entre los hombre, seducir a las mujeres y vivir como uno de ellos".

Por supuesto que todo eso eran cuentos, leyendas; pero..., ¿si era cierto?, ¿si Rodolfo no mentía? Marcos se dio fuerzas y continuó bailando, hasta que sintió un olor extraño que venía detrás de él. Era azufre, no quiso mirar hacía atrás. Bailó con más ahínco y comenzó a rezar, pero el olor no se alejaba, sino se acercaba, como si estuviera a su costado.

No pudo más, algo le impulsaba a voltear y lo vio. Era un ser alto como de dos metros, que bailaba con alegría y que dejaba un rastro de fuego luego de cada movimiento, poseía una cola como la de un puma, con unos cuernos grandes que no tenían en las puntas cintas de colores sino especies de nervios o venas de humanos, con una pelaje de animal que era cubierto por una especie de disfraz hecho por pieles de personas. Y esos ojos que no tenían profundidad, que lucían vacíos y que eran como el abismo para las almas perdidas. Pero al diablo, por más amenazante que parecía, se mostraba alegre, danzando mejor que nadie, mostrando toda su gala y soberbia.

Marcos no lo podía creer, se mantenía en pie de forma mecánica, viendo como aquel ser inimaginable bailaba al ritmo de la diablada. Sin embargo, cuando el diablo se le acercó para entregarle una cerveza, como siempre se suele hacer en estos pasacalles, se desplomó y empezó a botar espuma por a boca, tal como le había sucedido a Rodolfo.
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miércoles, 1 de septiembre de 2010

Crónica apócrifa - Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia


Érase una vez un alemán de Freiburg que un día tuvo la loca idea de coger sus chivas y visitar al Perú como parte de ese sistema de voluntariado que "ofrece" el gobierno Alemán a sus jóvenes.

Ese alemán de raza aria pero de mente cobriza, cayó en el Perú y gustó uno de sus especiales ritos socioantropológicos llamado pollada. Lugar en donde lo conocí en pleno torneo mundial de fútbol, con una chela bávara en mano y degustando una presa de pollo a medio cocinar.

Cuando lo vi sentado en medio de esas cajas de chelas pensé que era uno de esos amiguitos pitucos[1] de mi pata; aunque sí era amigo de mi amigo, no puede distinguir que era germano, ya que al verlo pensé que era un cajamarquino acharlizado o un hijo ilustre de Pozuzo perdido en la gran Lima.

Me le acerqué pensando que cosas hablar con él. Alemania, pensé, quizá el mundial de Alemania 2006 o sobre qué suerte tuvo la mascota de dicho evento, el recordado Goleo; pero le hice la pregunta clásico que se hace cuando se tiene un encuentro de tercer tipo con un extranjero: qué hace en el Perú.

Me comentó de sus proyectos, de ese conciencia social que se desarrolla en Europa ante la problemática de los sempiternos "países en desarrollo", lo que me hizo pensar por un momento que hablaba con un neo hippy[2]; pero analizándolo bien no. Le comenté de mis actividades en varias ONG, de la labor que hacíamos en la parroquia barrial y demás cosas en que coincidimos.

Las palabras que cruzamos fueron sazonadas con el mencionado pollo a medio cocer acompañada de unas chelas bien heladas de marca Pilsen Callao y todo bajo una música no muy peculiar en una pollada que digamos: rock británico. Todo eso hizo posible que este alemán me confesara que era amante no solo del hard rock, sino del new wave y del indie; pero que también había escuchado al mítico Héctor Lavoe, a Andy Montañés y a la Sonora, es decir, clásicos de la salsa.

Pero cómo un alemán era amante de la salsa y del rock ochentero. No era un arti[3] ni un posero, era una persona original, que conoció la "buena música" por medio de un amigo en su ciudad natal que era nada menos del primer puerto del Perú: el Callau, pe' varón. Amigo que lo incentivó a venir al Perú y que lo hizo pisar tierras de Comas, en un primer momento, para luego radicar un par de meses en el Callao, en donde aprendió las buenas mañas de hacer un aceptable ceviche a base de limón, cebolla y sal.

Su "voluntariado" lo llevó a trabajar en una parroquia, a interactuar con gente de ONG, con la Asociación Civil Transparencias, coordinando proyectos sociales de desarrollo y demás cosas que buscaban hacer algo por el mítico y maltratado "bien común". Estas actividades llevaron a que el alemán de 25 años aprenda a tomar combi, a pagar una "china" en ella, a incrementar sus jergas, a comer en carretilla, a tomar cerveza en grupo con un solo vaso; es decir, se hizo peruano; o, mejor aún, se hizo chalaco.

Este fin de semana lo dejamos partir rumbo a su Freiburg, pero no sin antes demostrar que las "buenas costumbres" del Perú se le habían pegado: el avión lo dejó por tardón. En otras palabras, demostró que merece ser nacionalizado peruano, tan peruano como el ceviche que amaba, tan peruano como aquel DNI falsificado en Azángaro que ya le hemos sacado y que le espera acá en Perú para su próxima y prometida visita.

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[1] Pituco: Palabra que tiene como función describir a gente adinerada que ostenta y se vanagloria con sus posesiones. Palabra usada por el cantante popular Abelardo Gutiérrez en su exitoso tema "I have a pituca".
[2] Neo hippy: Persona del siglo XXI que comparte cierta ideología con aquella corriente pseudo existencialista desarrollada en la década de 1960 que buscaba el "peace and love" y un nuevo orden mundial sobre la base del amor.
[3] Arti: Aparte de ser una corriente intelectual. Se conoce como arti a aquellas personas que utilizan el arte como elemento diferenciador de otras. Palabras simples, una persona que por el mero hecho de conocer arte se cree superior a los que no toman interés por las expresiones artísticas.
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martes, 24 de agosto de 2010

85 kilotones de realidad


Es cierto, estoy gordo. La verdad es que nunca me ha gustado creer que tengo sobrepeso, pero mi imago me dicta que luzco bien, que la ropa me queda aceptablemente, que inclusive tengo un poco de gracia.
La verdad es que he subido de peso desde hace algunos años, aunque he de confesar que nunca en mis 28 años de vida me han dicho "habla, flaco", aunque sí "habla, chino", aunque que de chino no tenga ni el cabello. Lo que sí he escuchado muchas veces es "Oe, gordo", claro que con un cierto cariño por amigos, pero nunca por parte de las personas que quiero.
A excepción de mi madre, que me mira con sorpresa cada vez que me quedo en polo, nadie me llama gordo así por así. Pero ultimamente también mi pareja, la bella S, me dice de cuando en cuando "gordito". Y mi ego se resiste a creer que sea algo cierto.
Pero todas mis alucinaciones (ojo que nunca he dicho: "Tócame que soy realidad") se van por la rejilla del lavadero cuando me subo, cada vez menos, a la balanza, la cual me escupe una realidad básica y letal: estoy subiendo de peso.
Mi última pesada en la balanza de mi casa, arrojó como resultado que había subido 1/16 de mi peso total, en castellano, subí 5 kilogramos. Lo que hace que ahora mi peso corporal sea de 85 kilotones. Traumante, ¿no?
Creo que mi problema no tendría mayor trascendencia si es que no viviéramos en una sociedad que rinde culto al cuerpo, al cuerpo perfecto, al que no tiene rollitos que se descuelguen por un costado de la correa, al que se aprecia como si fuese un dios.
Es la moda, la bendita moda, la que nunca conoció Botero, a la nunca fue adepto Goya con su maja desnuda, a la era ajena al incipiente cine de inicios del siglo XX que exaltaba el cuerpo rolludo pero contorneado, a esa estética de Venus de Willendorf que alguna vez predominó en el mundo.
Pero claro, el mundo de la moda y el cine tuvieron que darse la mano cuando la recordada Coco Chanel escupió su máxima: "Nunca se está demasiado delgada". Frasecita que fue seguida al pie de la letra por las bellas actrices Audrey Hepburn y Katherine Hepburn, quienes impusieron la moda en Hollywood de lucir flaca, lo que luego fue copiado por los actores y sus fans que pretendían lucir como sus ídolos. Ni que decir de Da Vinci, quien escribió en sus diarios cómo deberían ser los modelos corporales idóneas según la geometría y su Hombre de Vitruvio, del cual se derivó el 90-60-90.
Mmm..., toy gordo, ps. Y quizá suba un poco más de peso, pero, claro, siempre evitando que eso altere mi salud. Sin embargo, como dice el dicho, así me quieren.
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martes, 10 de agosto de 2010

poema para no ser cantando cuando se tiene miedo


a veces aburre afrontar el destino
sobre todo cuando te sientes agotado
cansado como un cerro
y quieres tirarte en el tiempo
y dormir un ratito cómplice
en el silencio

a veces cuando todo te pesa
como un párpado hinchado
te provoca buscar un lado abierto
de la casa
y recostarte panza arriba
imaginando que aun eres un niño
de seis meses que recibe el
pecho de una madre desvelada

otras veces simplemente
pones tu dedo en el ombligo
y te das cuenta de que el cordón
umbilical es solo un cuento griego
inventado por filósofos
y simplemente te paras frente
a lo imposible mostrando el rostro
descubierto mientras que esperas
que alguien lance la primera piedra
el primer escupitajo
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sábado, 7 de agosto de 2010

nunca entenderé


andrés duerme cómodo en una cama de dos plazas
se estira
se mueve como un gusanito despreocupado
buscando calor

yo pienso en su madre
en el camino que hace su mirada
en las piedras que ahora son polvo
en su piedra que es madre

y me acomodo la casaca porque hace frío
y me acomodo las dudas
porque soy hombre
porque hay cosas que de la maternidad
nunca entenderé
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domingo, 11 de julio de 2010

Reflexión en verso escrito un domingo por la madrugada


En algún lugar, en algún sueño te soñé
no recuerdo cuándo
no recuerdo ni con quién
pero te vi volando en una nube de miel
extendido de brazos y lanzando gotitas de esperanza
a quienes te veían desde abajo.

Y te amé
una mirada y mi mundo se cayó
una sonrisa y mis sueños volvieron a ser los de antes
los que eran de vida, de esperanza, de verdad
una palabra tuya y fui el hombre que nada con los pies
tan distante de aquel
que solo sabía de versos y de poesía
tan distante de aquel
que se escondía en el humo de un cigarrillo
pensando todo era un bolsa vacía de pan.

Pues una esperanza tuya en mi mejilla
es suficiente para empezar mi luz
para no terminarlo y empezarla otra vez
pues una palabra tuya es lo mejor que puedo escuchar
cada vez que todos dicen no
cada vez que la ciudad cierra sus ojos y voltea el rostro.

Por eso solo me queda decir gracias,
gracias por el latido que me diste aquella noche de vida
gracias porque me hiciste entender que la vida tiene tus ojos
de tu modo de ver el mundo con inocencia, con esperanza de amor.
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domingo, 20 de junio de 2010

Reflexiones sobre el día del padre


Hoy se celebra el día del padre, hoy es mi primer día del padre. Confieso que desde que nació mi hijo las cosas han cambiado. El día comenzó a tener más horas, el sueño fue algo que extrañé muchos días, la libertad me supo a ayer, la palabra responsabilidad comenzó a ser conjugada en mi alma. Mi vida cambió, es verdad; pero se hizo más bella, más humana.
Tener un hijo es una de las experiencias más hermosas del mundo. Ver cómo nace un niño, luego de una serie de complicaciones extremas, es algo sumamente bello. Escuchar su llanto luego de una ardua espera de más de 36 semanas, apreciar su primera mirada, sentirlo junto a ti, son cosas que solo los que han sido padres amorosos lo entendemos.
No quiero referirme a aquellos padres que de uno u otro modo han dejado de lado a sus hijos. Lo que se pierden. Para ellos les resumo una frase que tanto me impactó cuando la lei por medio de un chat por parte de un amigo: "No pienses en lo que vas a perder; piensa en lo que vas a ganar". Y, señores, se gana mucho.
Pero esto de ser padre es un arduo camino que nunca acaba, así tengas 80 años. Uno siempre será padre y querra lo mejor para sus hijos. Claro, si y solo si existe un vínculo bien construido; caso contrario, como pasa en la mayor parte del mundo, los hijos dejarán de lado a sus padres y solo se acordarán de ellos en días como estos.
Creo que hoy más que nunca entiendo cómo mi padre me ha mirado durante estos más de 28 años que tengo de vida. Ahora sé el porqué de sus preocupaciones, esa mirada de ternura que me lanzaba cuando cometía travesuras, esas caeas de preocupación a fin de mes para pagar la matrícula de mi colegio, esa impotencia de no poder darme lo que tan estupidamente le pedía cuando era adolescente. Cosas que estoy empezando a darme cuenta, a ver cuánto es lo que vale realmente la vida.
Yo no puedo hablar mucho sobre lo que es ser padre, recien tengo en este excelente oficio cuatro meses y medio, y sé que el camino será arduo, difícil, pero sinceramente hermoso.
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lunes, 14 de junio de 2010

Hay cosas que ni que


Hay cosas que no entiendo en esta vida, cosas que quisiéramos saber el significado o cosas que entendiéndolas, no las asimilamos ni nos esforzamos en tratar de entenderlas.
Hay cosas en este mundo que ayudan a muchas personas a ser felices, a estar bien; pero que nos afecta a o nos choca porque creemos o necesitamos a esa persona a nuestra lado.
Hay cosas que se hicieron para ser dichas; otras para ser gritadas o escupidas; y otras tan solo para ser escritas.
Hay cosas que cuestan y que pesan más que una duda en el alma, cosas que no se puede decir en la luz del sol, cosas que se marchitan si es que callas muchos.
Hay cosas que se prenden como un hoja seca, cosas que se las lleva el viento o que se ponen amarillas con el transcurso del tiempo.
Hay cosas que no mueren, que reviven y que entendemos; cosas que por el transcurso de los años se hacen más estable; o cosas que por el tiempo se hacen polvo y barro de nuevo.
Hay cosas que uno quisiera tener a su lado siempre, cosas con las que uno se hizo hombre, ser humano completo; pero que tiene que dejar porque son cosas no eternas.
Hay cosas que no marean y cosas que causan risa cuando respiramos fuego; cosas que no pueden ser una verdad porque aún son una mentira; o una mentira mal escrita en la punta de la lengua.
Hay cosas que se esparcen como cenizas, pero que no son hijos del fuego, sino pedazos de un esperanza que no pudo ser dibujada.
Hay cosas que no se parecen en nada al rostro de la vida, cosas que nos hacen cultivar una lágrima en la mejilla, cosas que se tiñen de rojo o de negro como el no.
Hay cosas que queremos y que buscamos con locura, cosas que simplemente no pueden ser nuestras en la vida real, cosas que alcanzamos con la ayuda de una hoja en blanco y de la imaginación.
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miércoles, 2 de junio de 2010

Poema de un si condicional


si me miras
no cierres los ojos,
el silencio de tu palabra alada no es el mismo de tu boca

si me vuelas una palabra de los dientes
y no te arrepientes
no olvides que alguna vez fui el que plantó la palabra
en la orilla de tu libro

si me hieres y tocas una piedra y la haces pan
no recuerdes lo que una vez pintamos en el tiempo
no mires el recuerdo que se esconde en un par de hojas amarillas
no leas esas hojas que le viento se pondrá celoso

si me recuerdas y crees que aún eres el cielo
no dudes en decir mi nombre y en buscar mis pisadas
no dudes en mover al sol con tu beso
pues siempre estaré detrás tuyo
esperando a que des la vuelta
esperando a que el mundo se pinte del color de tus ojos
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martes, 1 de junio de 2010

Encuentro - Segunda Parte


Recuerdo que esa semana me convertí en algo que no era, en una especie de seductor o afanador sin experiencia. Yo, que era más tímido que perro abofeteado de cachorro, ahora estaba que "gileaba" a una chica que recién había conocida. Sí, yo, el que nunca se atrevía a hablarle a una chica que le gustaba y que si lo hacía se ponía a balbucear sin éxito, espantando a la fémina deseada.
Luego del primer encuentro en la biblioteca, la vi nuevamente allí tratando de resolver unos problemas del famosísimo curso de Razonamiento Matemático. Si mi mente no me juega una mala pasada, ella trataba de encontrar la respuesta de este típico problema de las bolitas agrupadas que se tienen que averiguar cuantas hay al final. Lo cierto era, y en eso mi memoria no me falla, que me acerqué a ella, que me senté a su lado.
-¿Se puede?
-Sí.
-Me recuerdas, ¿no? El amigo de J.
-Ah, sí.
-¿Qué haces?
-Resolviendo un problema de R.M. ¿Sabes?
-Sí, claro.

Y después de unos 15 minutos tratando de resolver lo que no sabía, llamé a mi amigo W, quien al instante desarrolló el problema, explicándole luego a S cómo solucionarlo en un dos por tres. Hay personas que nacen para las matemáticas y otras, como yo, que creemos que lo nuestro es escribir.

Recuerdo también que aquella misma tarde, ambos nos pusimos a examinar nuestras billeteras. No sé muy bien cómo llegamos a ese punto, pero yo me encontraba auscultando el interior de su tarjetero y ella también el mío.
Y sucedió lo que tenía que suceder: encontrar algo prometedor, como todos creo que tenemos en nuestras benditas billeteras y que lo dejamos allí con la "esperanza" de que nadie nunca lo verá. Ella encontró un almanaque de 1998de una marca de cerveza del Cuzco, con una figura en la parte posterior que dejaba ver o insinuaba la silueta de una chica desnuda a contraluz. Un desnudo sutil, pero que a mis 17 años era lo más hot que podía poner entre mis documentos.
¿Roche? Claro, pero no mucho, eso creo. Pues a pocos instantes salió a la luz un almanaque similar al mío pero para mujeres, en donde se veía a un hombre desnudo con una pelota de fútbol tapándoles las "pelotas".
No recuerdo muy bien de que más hablamos ese día, creo que de gustos, de colores, de mil autores; lo que sí se me viene a la mente es que yo cortésmente me ofrecí a acompañarla al paradero de su combi, e hicimos la clásica ruta de todos los adolescentes preuniversitarios que frecuentan Lima Cercado: jironear.
Salimos de la academia preuniversitaria que quedaba a pocas cuadras de Jirón de la Unión y nos pusimos a conversar de n cosas. Lo único que mi memoria no borra es que nos quedamos en medio del puente Trujillo (cuando había unas escaleras que bajaban a la avenida Evitamiento, en donde se podía tomar las combis), mirando como las aguas del río Rímac pasaban mientras ella me comentaba problemas familiares de una amiga suya, problemas que le chocaban tanto a la chica que pensaba en el suicidio.
Luego de la conversa, vi como tomaba su carro para dirigirse a su casa, como subía a la combi, como el carro partía llevándose un puñado de mis ilusiones y esperanzas.
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miércoles, 26 de mayo de 2010

Encuentro - Primera Parte


Cuando la conocí, hace más de once años, nunca imaginé que aquella mirada que vi por primera vez en una biblioteca de una academia preuniversitaria me marcaría toda la vida.
Claro, yo era el típico nerd que pasaba más de tres horas al día en una biblioteca entretenido leyendo libros y tratando de ser alguno de esos tipos que ingresa a una universidad pública por medio de un examen de admisión. Ella, la clásica niña popular de su salón (incluido el de la academia, por supuesto) que iba a la biblioteca tratando de aprender algo y hacer hora.
Pero seamos francos, ese encuentro ni esa mirada no se hubieran dado si es que en medio de nosotros dos no hubiera existido ese vínculo que se llama amistad. No la nuestra, sino el hecho de tener amigos en común (olvidaba un dato, ella estaba en el aula A-36; yo, en el A-63, ¿casualidad?).
Sentado en una banca en donde no sé sabía cómo entraban seis personas, al lado izquierdo de la biblioteca, y ella al extremo derecho en una mesa mirando a la puerta de la biblioteca. Sentado yo al lado de un gran amigo, algo "player" y de mucho verbo florido para las chicas; y ella, sentada al lado de una buena amiga leyendo sobre la Guerra con Chile (lo recuerdo muy bien).
¿Qué cómo me acerqué a ella? No fui yo. Mi timidez, esa maldición-bendición que me acompaña hasta estos días, hizo que solo intercambie miradas con ella, con esos ojos pardos claros. El resto lo hizo mi amigo, ahora doctor, que me llevó mismo Celestino al lugar en donde ellas estaban. Cabe precisar que no estaba solo con mi amigo, sino que éramos un grupo de 4 ó 5 chiquillos de 17 ó 18 años.
-Hola, ¿qué lees? Le dije mientras veía un mapa del Perú de finales del siglo XIX en donde aún se apreciaba que Tarapaca y Arica eran nuestras.
-La Guerra con Chile.
Y mostrando poca timidez como nunca me ha sucedido en la vida, me senté a su lado, tratando de resolver no se que problema de matemática. Me senté a su lado y pude ver esa cara de niña buena que tanto me gusta, vestida con una chompa y un pantalón de corduroy medio gris, si la memoria no me falla, y usando unas gafas que le daban un toque más de chiquilla tranquila.
No recuerdo bien la hora, iban a ser las siete o las ocho, pero ella tenía que partir. Sí, se iba y me dejaba con las ganas de saber más de ella, de saber qué color era el que le gustaba, de saber por qué se pintaba con un lápiz labial marrón y demás cosas que en los próximos días averigué.
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lunes, 24 de mayo de 2010

Reflexiones con hígado


No me considero intolerante, pero a veces me sacan de quicio algunas cosas o quizá se deba a que reviven aquellos demonios internos que nunca dejarán de azotarnos la cabeza a menos que acudamos a una terapia de 5 ó 6 años con un psicoanalista o, en el mejor de los casos, nos casemos con uno de ellos.

Lo cierto es que como en ese día del concierto de A, cuando le dije a S. "La próxima vez que escuche un 'o sea', 'manyas', 'alucina', 'puta' y otros pseudovocablos que constantemente compañeros y no compañeros del lugar donde estudio, el instituto T, dicen como si fuera una variable obligada lingüística de un determinado grupo. Aquello, quizá, me hubiera llegado un par de años atrás; pero no sé por qué no ocurre lo mismo ahora.

Quizá porque en este constante mundo de snobismo o 'posería', resulya "cool" hablar como si uno tuviera una papa rellena en la boca o como si tuviera un pseudo dejo español. Cosas que quizá nunca llegue a entender, pero qué pobre nivel de lenguaje tenemos, tan limitado y que enorgullece a muchos chicos de estos días.

Tal como pasó en una "clase de cine", cuando una de las chicas que hay en mi salón osó decirle al profe que por qué no ponía películas modernas para sus ejemplos de clase, desechando a la basura toda la técnica y modernidad de grandes realizadores como Orson Wells, Hitckock o Akira Kurosawa.

Otra de mis ideas fue corroborada por un profesor de "Creatividad" cuando aclaró que muchos de los chicos de estos días salen de las aulas sin saber escribir de manera correcta ni su nombres (rocio=Rocío, andres=Andrés, angel=Ángel, etc.).

Cosas que me dejan pensando, me estresan y me dejan con la duda si es que las generaciones siguientes tendrán menos neuronas y que por qué tan solo 5 u 8 años son suficiente para que el mundo deje de pensar.
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martes, 18 de mayo de 2010

Reflexiones cuasihistóricas de Túpac Yupanqui


Cuesta mucho revelar un secreto sobre todo a alguien que no conoces o a un grupo de personas a los que llamas con cierta desconfianza “compañeros”, más aún si es un defecto que debes (sé sabe que todo el mundo se da cuenta de tus defectos menos tú).

Viendo en el baúl de mis defectos y de mis constantes equivocaciones en la vida, me quedo con dos: mi constante nerviosismo y una cierta intolerancia que trato de solapar.

De lo primero se sabe mucho, se huele también. Mi modo de hablar de manera apresurada, atropellada, es uno de los defectos que siempre me ha caracterizado, aunque he tratado de disimularlo haciéndome el intelectual o el popular “chancón”. Una anécdota que recuerdo con humor me sucedió de niño, creo que entre los 10 ó 12 años.

Cursaba la primaria, creo; pero lo que sí tengo seguro es que fue en una clase de educación física. Sí, todos en shorcito, el polito de ganso con mangas de inicios de los noventa. Recuerdo que el profesor de ese curso se puso a hablarnos de los orígenes del fútbol (fue la única clase que ese profesor nos dio, el resto era hacer extravagantes piruetas y jugar fulbito) y que decía que los incas practicaban un deporte muy similar al balón pie, pero que lo hacían empleando un especie de pelota elaborada por la vejiga inflada de un animal, el profesor dijo de chancho, pero sabemos que en el tiempo de los incas no había ese tipo de animales; por lo que diremos, para quedar bien con mi profe, que era un carnero creo.

El hecho fue que yo ya había escuchado, no recuerdo de dónde, que el inca Túpac Yupanqui fue el que había practicado este protofútbol; un dato que me falló en el momento preciso que el profesor preguntó si es que alguien sabía quién había practicado fútbol en el tiempo de los incas.

Yo, cancherazo y con una cierta presunción, levanté mi mano como nunca y respondí “Pachapachapachapachapachapachapachapachapacha… cuted”, claro, tartamudeando más de los costumbre por hablar frente a mis compañeros. ¡Rochesazo! Aparte de mi mal forma de hablar, mi respuesta era incorrecta. El profe, viéndome con cara de quien mira a un extraterrestre con retardo mental (mirada que ya conozco de sobra), me dijo en tono paterno que mi respuesta era errada, que el que había “jugado fútbol” en la época incaica era el inca Túpac Yupanqui.
…………………………………

Otra de mis defectos es que, a pesar de saber que una persona se comporta como se comporta por algunas lecturas de psicoanálisis, no logró entenderlas muy bien; es decir, entiendo por qué las personas se comportan de ese modo, mas no lo entiendo o, como diría un profe de antaño de la universidad, “no lo asimilo”.

Es que cuesta saber que a pesar de que sabes el origen o los traumas de unas personas, te muestras siempre algo intolerante, sobre todo al ver que dichas personas se comporten como simios sueltos en la ciudad.

En fin, creo que debería de aprender que el antídoto de la intolerancia es la comunicación, pues conversando se llega a entender a las personas; pero es algo que cuesta si es que los códigos de comunicación entre estas personas y uno son tan disímiles como las edades.
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lunes, 26 de abril de 2010

Recontradivagaciones sin pies ni cabeza

Luego de varios meses entro en este espacio virtual para escribir aunque sea un par de líneas y jalármelas por la nariz (je, je).
Era obvio, el hecho de convertirme en padre, de tratar de ser un ser humano normal con logros, metas y una familia, es algo que a todos nos toca alguna vez en la vida, pero que no muchos logran hacerlo a cabalidad.
Es ciero, quizá fue algo que salió de nuestras manos, de nuestras voces y nuestras edades; pero la vida que estoy llevando ahora es totalmente distinta de la que tenía hace menos de un año.
Las cosas han cambiado para bien, me gusta el nuevo rol que estoy desempeñando a pesar de que sea un cachimbo en el hecho de ser padre, padre de un precioso niño que vino a este mundo un 27 de enero del 2010.
Quizá no tenga el tiempo suficiente para escribir o salir con los amigos a las fiestas o bares que solíamos concurrir; pero el hecho de ver una sonrisa de ese pequeño ser compensa cualquier miedo, duda o frustación.
Es algo realmente hermoso saber que un ser de tu interior (a pesar que no haberlo llevado tu por más de nueve meses) depende de ti, pero que cuando te toca la mano, te la aprieta para ser más exactos con esa fuercesita de infante, es algo incomparable. Algo que no se puede explicar a menos que seas un padre cariñoso.
¿Que si extraño mi vida anterior? Quizá un poco, quizá aun me pican los pies por salir con los patas, de quedarme un fin de semana con ellos mataperreando (y quizá lo haga de vez en cuando), pero cuando uno es padre, uno adquiere otros motivos para soñar, para vivir, para creer.
Creer, eso era lo que necesitaba. Ya que el hecho de traer a un nuevo ser a este mundo implica el creer en la vida, el asumir un compromiso por hacer de este lugar un mundo mejor, un espacio en donde los pequeños (entre ellos mi hijo) tenga un lugar para ser feliz, para desarrollarse plenamente aunque veamos a diario que el mundo se cae a pedazos, que se destruye por la mano del hombre, de un hombre viejo.
Cosa contrario a los niños, quienes si son criados en valores, en veracidad, en esperanza, serán capaces de crear un nuevo espacio en este mundo en donde ser felices, en donde la inseguridad sea cosa del pasado. Suena a imposible, a tiempo futuro desiderativo apastrulado; pero es algo que creo la mayoría de padres queremos para nuestros hijos.
Creo que está demás decir que este no es un artículo redactado con dos manos y los ocho dedos legales que tiene que tocar los teclados de un compu, este articulito es uan fumadita, una parte de mi imago que quería vomitar y compartir con todos los que se atrevan a leer este espacio.
Agradecimientos: A todos aquellos que me han acompañado a lo largo de este camino y en esta "tarea" de convertirme en padre; en especial a los madagascares y a mi Compay I.
Apropo, me mudo a Wordpress prontito.
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martes, 9 de febrero de 2010

Jaime Bayly, ficción o verdad


Verdad o ficción. Al parecer el escritor, periodista y presentador de televisión, Jaime Bayly cada día nos enreda más en los asuntos de su vida privada. El último de ellos: presentar a su joven pareja de 21 años llamada Silvia Núñez del Arco, una chiquilla que parece seguirle el juego a Bayly.

Pero son verdaderas todas las batallas ficticias con las que nos envuelve Bayly cada fin de semana en su programa nocturno. Que primero fue lo del suicidio, que le siguió la impotencia, a ello se sumó el hecho de querer ser presidente o primera dama (o los dos al mismo tiempo), y ahora, por último, el hecho de tener a una chiquilla que lo hace recuperar la virilidad.

Cosa extraña en Bayly, un personaje que se considera bisexual, que coquetea con hombres y que demuestra un desmesurado amor por la madre de sus hijas, Sandra, que de la noche a la mañana diga a los cuatro vientos que está perdidamente enamorado como quinceañero de su chibola... Es algo para no creer, ¿No?

Tal parece que Bayly está muy inmerso en el mundo ficticio, en el mundo literario, que se ha vuelto en uno de sus personajes de sus novelas, es decir, irónico, un poco esquizofrénico y que se rige por sus propia ley.

Quizá esto sea lo cierto, que el 'Tío Terrible' se sienta cada noche del domingo frente a las cámaras y a medio Perú, no para conducir un programa de entrevistas o espectáculos; sino para escribir una novela con su propia vida, una novela en donde los espectadores de su set son ese coro griego que lo aplaude diga las tonterías que diga; una novela en donde todos los que nos enteramos y reaccionamos por algo que dijo, somos personajes.
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sábado, 16 de enero de 2010

Carta para un niño que no quiere venir



La verdad es que desde aquí te esperamos con ansias, si vieras como hemos remodelado algunas habitaciones de la casa, nuestras vidas mismas, sin contar cómo ha cambiando nuestro cuerpo por saber el color de tu sonrisa.

Si supieras cuántas noches velamos un café por saber que estuvieras bien, cuánto tiempo tu madre ha tratado de parecer normal frente a algo que no aún no podemos creer, cuántas hora se hicieron tiempo para pensar en ti y en el modo en cómo nos dirías papá o mamá.

Sabes, los abuelos preguntan por ti, los amigos apuestan por el color de tu mirada, los tíos se preguntan si acaso mañana podrán cogerte entre brazos y decidir a quién te pareces.

No lo dudes todos acá te esperamos, contamos las uñas que nos comemos pensando que esta noche quizá llegarás, te compramos cosas y decidimos con que color vestirte el primer día de tu llegada y soñamos con que tu primer llanto sea lo más hermoso que hayamos escuchado en la vida.

Quizá no sea mañana ni tampoco pasado mañana el día en que llegues, pero quisiera que supieras que desde acá tienes un espacio en este mundo que es un poco duro, pero no por eso hermoso y solidario, quizá escuches a muchos decir que "no se puede", quizá a mi mismo alguna vez me lo oigas decir, pero ten en cuenta que el miedo nos hace decir cosas de las cuales después nos vamos a arrepentir.

El mundo es duro, pero no por ello imposible..., quieres un ejemplo de que la vida triunfa siempre: mírate al espejo y sabrás que frente a tanto dolor, a tanto sufrimiento una sonrisa de la personas que más amas valdrá todo el esfuerzo.

Pequeño Andrés, desde acá te digo que si bien hace algún tiempo despotriqué contra todo lo que era el hecho de tener un hijo, te confieso ahora, con total sinceridad, que estaba totalmente equivocado, que uno nunca puede hablar de algo que no sabe. Para mi eres una de las cosas mejores que me ha pasado (claro, aparte de conocer a tu madre hace más de once años en una oscura biblioteca), ya que haces que el cielo torne otro rumbo, que la vida sea vista de otra manera y que mis ganas de saber que el mundo era un embrollo que nunca podría ser resuelto cambie totalmente.

Pequeño, hoy es 16 de enero del 2010, y espero tu llegada cuento las horas para ver tu rostro, para saber que uno sí puede llorar de felicidad, para conocer ese lado del amor que me falta conocer, para comprender que el mejor regalo que Dios nos dio es la vida. Como me dijo alguien alguna vez... No pienses en todo lo que pierdes, piensa en todo lo que vas a ganar.

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lunes, 4 de enero de 2010

Poema escrito mientras dormías

qué se necesita para escribir en un pedazo de tiempo
sin hacer que el café se enfrié
qué hace falta para coger el silencio y colgarlo de tus cabellos
sin derramar una lágrima en el río

sabes
a veces me convierto en noche y recojo los pedazos
de ilusión que muchas veces la vida me roba
y me envuelvo de tu aliento para saber que aún puedo colgar
un verso en la ventana que nos mira

sabes
hoy entiendo que nuestros caminos se hicieron más que uno
que las líneas de nuestras manos encontraron un punto fijo
en donde escribir el nombre de la vida

no te mentiré a veces me dejo caer, me pisan, me escupen
y me entierran con una roca sobre la cabeza
prenden las velas del rincón del silencio
y dicen que no puedo elegir que paso dar ni que camisa quemar
pero recuerdo tu voz, tu vientre, tu vida
y todo cambia
como aquel imperdible día de octubre
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