jueves, 3 de diciembre de 2009

Un día en baby shower


Como decía mi amigo Carrera, "no sé desde cuando es una tradición, pero ya lo es". Claro, se refería a los baby showers que ahora pululan por todo el orbe y Perulandia no es la excepción.
Veamos, en mi vida tan solo he asistido a dos baby showers: uno, hace ya cinco años; y el otro, el mes pasado.

Mi experiencia me decía que organizar este tipo de ceremonias no iba ser del todo buena, ya hemos visto a los animadores de estas reuniones sociales (payasos, en su mayoría) vacilarse, incluso denigrar a los padres. Como quien dice: "Si tienes un hijo, debes pagar caro tu afrenta contra el mundo".

Y fue exactamente lo que pensé me iba a pasar a mi el sábado pasado, día del baby shower de mi hijo (alguien me puede decir por qué un baby shower se hace sin la presencia del bebé, si su significado real es algo así como mostrar al niño, o sea, luego de nacido). Imaginaba que algún payaso malcriado iba a hacer que Susana me talquee, me ponga un pañal y gatee por toda mi sala llorando y pidiendo teta.

Pero gracias a Dios, todo ello fue un simple susto, casi un susto. Por suerte no hubo payaso, pero sí una animadora que fastidió, pero no tanto. Si lloré, si gateé, si me hicieron tomar biberón, pero no me pusieron pañal ni me hicieron otras bajezas que se acostumbran a hacer en ese tipo de fiestas.

Por suerte todo fue tranquilo, hubo bromas, pero todo se desarrolló dentro de los límites del respeto. No quiero entrar en detalles de las cosas que recibimos ese día para mi futuro hijo, pero agradezco todo a quienes estuvieron presentes. Es una de esas experiencias que un padre novato tiene que hacer, para el bien de una futura persona en este mundo.

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