martes, 8 de septiembre de 2009

Escrito sobre Pepe luego de su sueño


He de reconocer que no tuve una buena relación amical con él, como sí la tuvieron varios de mis amigos. He de reconocer que muchas veces cuestioné su "política organizacional" y que otras tantas no lo entendía o no quería entenderlo. Pero lo que sí rescato es su sabiduría y lo que aprecio, son sus ganas de trabajar, de esforzarse y, sobre todo, de dejar ser a los demás.

Es cierto que cuando una persona se va todas las que quedán por acá empiezan a hablar bien de ella. Pero el recuerdo de una persona que realmente fue buena sí queda, perdura y se aleja del olvido total. Y sé que Pepe, a pesar de todos los defectos que tuvo como humano y, por qué no decirlo, como religioso; fue un hombre bueno que sabía escuchar, un hombre que sabía abrirte las puertas de su casa, invitarte a desayunar, acompañarte a los campamentos (cuando su cuerpo aún podía), darte un buen consejo cuando lo necesitabas.

Confieso que la última vez que lo vi fue el año pasado, cuando bajé a la parroquia a apoyar al equipo de confirmación con un retiro; y que, luego de varios meses, volví a verlo, echado, recostado en el ataud, flaco, con un perfil que me hizo recordar aquellas ilustraciones medievales de los santos. Y fue precisamente aquello que me movió, lo vi cual santo, cual reliquia medieval que todos querían observar, tocar y decirle lo que nunca pudieron decirle.

Es raro, ayer me enteré que algunas reliquias de santa Rita descansaron algunos días en la parroquia. ¿Era algún simbolismo que nos tiene la vida y que no comprendemos? Lo mismo me pasó ayer al ir a la parroquia en la noche y al contemplar a una pequeña paloma recostada encima de un altar de un santo en medio de una cantidad de gente que rezaba un rosario para el buen descanso del Padre Pepe.

::::::::::::::::::::::::::::::::::

El buen tipo, algunas veces renegón, algunas veces loco, hincha de Alianza Lima y de aspecto bonachón, se fue, se nos fue. Si me preguntan sobre lo que me dejó, les respondería solo tres palabras: ser y hacer. Ser porque trató que nosotros seamos libres, desarrollemos por nuestra cuenta nuestro modo de ser agentes de Dios, de ser grupo, de ser agentes sociales de desarrollo, también; porque ser una persona comprometida con una religión significa ser agente de desarrollo, cosa que creo que el padre Pepe entidió también. Y hacer porque hizo, aunque no parezca hizo, hizo una iglesia, hizo un pueblo, hizo una comunión; quizá no perfecta, como todo en esta vida, pero lo hizo. Hizo que alguna vez se movilizaran más de 100 jóvenes de la parroquia para un multifestival (como en la década de los ochenta), hizo multitudinarias misas en al aire libre, hizo que seamos los que muchos de nosotros, los jóvenes que pertenecimos alguna vez a la parroquia, seamos lo que somos ahora. Quizá no personas con muchas poseciones sociales, sino personas que somos personas buenas, ya que el hecho de pertener a una parroquia es una marca en la vida que nunca se olvida.

Gracias, Padre Pepe, por todo aquello.
Dulces sueños.

0 comentarios: