martes, 1 de septiembre de 2009

Algunas reflexiones después del sexto aniversario de la entrega del Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación


El pasado 28 de agosto se cumplieron seis años de la entrega del Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, Comisión precidida por Salomón Lerner y una amplia gama de intelectuales de distinta índole y de la cual fue partícipe como voluntariado universitario.
A mi entender, en general, el trabajo llevado a cabo por ese contingente de personas ha caído en saco roto. Los gobiernos pasados mostraron cierto interés en el tema, pero el actual mira con desdén los resultados y las recomendaciones dadas por la CVR. Esto es debido a que es uno de los partidos que ven manchadas sus manos por las atrocidades cometidas durante el primer gobierno del actual mandatario; el Frontón, el Grupo Rodrigo Franco y demás violaciones de derechos humanos son una carta de presentación difícil de borrar para nuestro gobierno.
A lo anterior habría que agregar la alianza apra-fujimorismo que sigue en pie y que ataca sin piedad todo aquello relacionado con la reconciliación nacional. Claro, para ellos solo existe un tipo de historia, y es la suya, llena de sangre, corrupción, impunidad, etc.
No obstante, existe un grupo de ciudadanos que insisten en defender los valores cívicos y morales, y tratan de dar a conocer lo hecho por la CVR. Luchando locamente por tratar de crear una sociedad democrática, con valores y sea equitativa para todos. Estos grupos permiten que cada año sea celebrado un aniversario más de la entrega del Informe Final (este año no fue la exepción), promueven su contenido a través de la educación ciudadana y están abiertas a críticas constructivas.
Un punto para resaltar es la inclusión en los textos escolares sobre la tarea desempeñada por la CVR; cosa que costó arduas discusiones y acalorados debates por parte de los que están en contra del legado de esta comisión, ya que para ellos las víctimas de aquel conflicto interno eran ciudadanos de segunda clase. Sin embargo, que la labor de la CVR y el proceso de violencia interna es un paso importante para las futuras generaciones, que se muestran abiertas a conocer el pasado y a no repetir los mismos errores.

No quiero terminar este breve comentario sin dejar de mencionar la experiencia humana que me dejo el apoyar a la CVR, sea con charlas promocionales o en la corrección de textos. Creo que todos aquellos que estuvimos involucrados en ese proceso nunca olvidaremos aquella labor, una labor que nos mostró las dos caras de la humanidad: el horror de saber que la muerte es un pan que se come cada día, en especial los pobres, y el perdón, que solo se logra cuando los personas entienden que aquello es lo fundamental para salir adelante y ser mejor personas, una persona que puede decir sí, que es libre.

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