lunes, 21 de septiembre de 2009

sonido confuso pero cierto

te escucho
aún no se qué rostro tienes
ni de que forma será tu palabra
pero te escucho
aún no conozco cómo me dirás
que crees en el cielo
y en el silencio de la página
pero creo en lo que dices
en lo que harás
cada mañana de mi vida
porque estás en la palma de mi mano
porque estoy en la palma de tu vida
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sábado, 12 de septiembre de 2009

siempre es tarde

cada mañana
uno se baja del carro con una ilusión en el brazo
se rasca la cabeza
le cae un poco de caspa en los hombros
le cae un poco de sol en la vida
y se limpia los zapatos
y mira el reloj
ni un minuto más ni un minuto menos
siempre es tarde para llegar al trabajo
siempre es tarde para ser feliz
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martes, 8 de septiembre de 2009

Escrito sobre Pepe luego de su sueño


He de reconocer que no tuve una buena relación amical con él, como sí la tuvieron varios de mis amigos. He de reconocer que muchas veces cuestioné su "política organizacional" y que otras tantas no lo entendía o no quería entenderlo. Pero lo que sí rescato es su sabiduría y lo que aprecio, son sus ganas de trabajar, de esforzarse y, sobre todo, de dejar ser a los demás.

Es cierto que cuando una persona se va todas las que quedán por acá empiezan a hablar bien de ella. Pero el recuerdo de una persona que realmente fue buena sí queda, perdura y se aleja del olvido total. Y sé que Pepe, a pesar de todos los defectos que tuvo como humano y, por qué no decirlo, como religioso; fue un hombre bueno que sabía escuchar, un hombre que sabía abrirte las puertas de su casa, invitarte a desayunar, acompañarte a los campamentos (cuando su cuerpo aún podía), darte un buen consejo cuando lo necesitabas.

Confieso que la última vez que lo vi fue el año pasado, cuando bajé a la parroquia a apoyar al equipo de confirmación con un retiro; y que, luego de varios meses, volví a verlo, echado, recostado en el ataud, flaco, con un perfil que me hizo recordar aquellas ilustraciones medievales de los santos. Y fue precisamente aquello que me movió, lo vi cual santo, cual reliquia medieval que todos querían observar, tocar y decirle lo que nunca pudieron decirle.

Es raro, ayer me enteré que algunas reliquias de santa Rita descansaron algunos días en la parroquia. ¿Era algún simbolismo que nos tiene la vida y que no comprendemos? Lo mismo me pasó ayer al ir a la parroquia en la noche y al contemplar a una pequeña paloma recostada encima de un altar de un santo en medio de una cantidad de gente que rezaba un rosario para el buen descanso del Padre Pepe.

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El buen tipo, algunas veces renegón, algunas veces loco, hincha de Alianza Lima y de aspecto bonachón, se fue, se nos fue. Si me preguntan sobre lo que me dejó, les respondería solo tres palabras: ser y hacer. Ser porque trató que nosotros seamos libres, desarrollemos por nuestra cuenta nuestro modo de ser agentes de Dios, de ser grupo, de ser agentes sociales de desarrollo, también; porque ser una persona comprometida con una religión significa ser agente de desarrollo, cosa que creo que el padre Pepe entidió también. Y hacer porque hizo, aunque no parezca hizo, hizo una iglesia, hizo un pueblo, hizo una comunión; quizá no perfecta, como todo en esta vida, pero lo hizo. Hizo que alguna vez se movilizaran más de 100 jóvenes de la parroquia para un multifestival (como en la década de los ochenta), hizo multitudinarias misas en al aire libre, hizo que seamos los que muchos de nosotros, los jóvenes que pertenecimos alguna vez a la parroquia, seamos lo que somos ahora. Quizá no personas con muchas poseciones sociales, sino personas que somos personas buenas, ya que el hecho de pertener a una parroquia es una marca en la vida que nunca se olvida.

Gracias, Padre Pepe, por todo aquello.
Dulces sueños.

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lunes, 7 de septiembre de 2009

Pequeña reflexión sobre un 6 de septiembre

No soy muy fanático de celebrar mis cumpleaños; la verdad, no me gusta celebrar mis cumpleaños. Desconozco las causas de esa repulsión, quizá algún día un psicoanalista me podría ayudar a descubrir el porqué de ese síntoma y pueda reconcialiarme con mi yo interno.

Claro que he ensayado algunas teorías respeto a eso. Una de ellas es mi sentido tanático, aquella pulsión que nos impulsa a no ser; desarrollada quizá en una etapa suicida de mi vida (sí, señores, alguna vez traté de hacer eso) debido a mi infancia precaria de calidez, etc., etc. O quizá tenga que ver con que, en un cumpleaños mío, descubrí que los payasos eran personas tan normales que podían herir a los niños con una mirada de desprecio, algo así como "mocoso, me estás arruinando el trabajo".

Sea lo que sea, hablando con C, me di cuenta de que aquella cosmovisión personal, tiene que tener un fin. La causa: mi futuro hijo. Tuvo razón C en aquella discusión preonomástica, el hecho de ser padre significa dejar de lado la visión tanática del mundo, dejar de lado la desazón y ser, algo que admito y me cuesta mucho, positivo.

No es que el positivismo sea algo malo, pero muchos de nosotros nos sentimos mejor sin esperar nada de la vida, tan solo una patada en las cuatro letras o entre las piernas; sentimos asco de una sociedad que es tan materialista y superficial que no permite desarrollar a un ser humano, que nos frustra y nos dice que nunca vamos a ser felices si no seguimos los mismos patrones de idiotez que mucho de sus componentes siguen.

Pero en la tarea, oficio o vocación de ser padre uno tiene que cambiar, tiene que aprender a buscarle el aspecto positivo de las cosas y educar al nuevo ser que lleva tu sangre; educarlo en valores y justicia e inculcarle la utopía que alguna vez uno perdió. Quizá en esta etapa uno tenga que desenterrarla y reanimarla, llevarla al carpintero o al pintor y colgarla nuevamente en la repisa de los sueños.

Es difícil lo que digo, pero cierto, muy cierto, por eso agradezco a C. Sin ese consejo hubiera pasado de otra manera mi cumpleaños. Y aún no sé si sea capaz de pintarme o cortarme con un cuchillo de cocina una sonrisa (mismo Guasón, je, je, je); pero soy conciente de que tengo que cambiar, o al menos aprender de mis errores, tal como dijo un amigo taxista: "Los hombres no cambian, pero aprenden de sus errores".

Volviendo al tema de mi cumpleaños, si quizá no me gusta celebrarlo, sí me gustan las reuniones. Estar con la gente que conozco y que quiero es algo que no tiene precio (cherry a esa tarjeta de crédito que se usa para juntar el polvito blanco en las discotecas de plata). Y creo que voy a tomar esa idea, estar con la gente que quiero, con los patas, los hermanos, los camaradas y pasarla bien, chupar un vino o un pisco, hacer chistología y tratar de creer nuevamente en el mundo, algo jodido, por supuesto, pero, creo yo, no imposible.
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martes, 1 de septiembre de 2009

Algunas reflexiones después del sexto aniversario de la entrega del Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación


El pasado 28 de agosto se cumplieron seis años de la entrega del Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, Comisión precidida por Salomón Lerner y una amplia gama de intelectuales de distinta índole y de la cual fue partícipe como voluntariado universitario.
A mi entender, en general, el trabajo llevado a cabo por ese contingente de personas ha caído en saco roto. Los gobiernos pasados mostraron cierto interés en el tema, pero el actual mira con desdén los resultados y las recomendaciones dadas por la CVR. Esto es debido a que es uno de los partidos que ven manchadas sus manos por las atrocidades cometidas durante el primer gobierno del actual mandatario; el Frontón, el Grupo Rodrigo Franco y demás violaciones de derechos humanos son una carta de presentación difícil de borrar para nuestro gobierno.
A lo anterior habría que agregar la alianza apra-fujimorismo que sigue en pie y que ataca sin piedad todo aquello relacionado con la reconciliación nacional. Claro, para ellos solo existe un tipo de historia, y es la suya, llena de sangre, corrupción, impunidad, etc.
No obstante, existe un grupo de ciudadanos que insisten en defender los valores cívicos y morales, y tratan de dar a conocer lo hecho por la CVR. Luchando locamente por tratar de crear una sociedad democrática, con valores y sea equitativa para todos. Estos grupos permiten que cada año sea celebrado un aniversario más de la entrega del Informe Final (este año no fue la exepción), promueven su contenido a través de la educación ciudadana y están abiertas a críticas constructivas.
Un punto para resaltar es la inclusión en los textos escolares sobre la tarea desempeñada por la CVR; cosa que costó arduas discusiones y acalorados debates por parte de los que están en contra del legado de esta comisión, ya que para ellos las víctimas de aquel conflicto interno eran ciudadanos de segunda clase. Sin embargo, que la labor de la CVR y el proceso de violencia interna es un paso importante para las futuras generaciones, que se muestran abiertas a conocer el pasado y a no repetir los mismos errores.

No quiero terminar este breve comentario sin dejar de mencionar la experiencia humana que me dejo el apoyar a la CVR, sea con charlas promocionales o en la corrección de textos. Creo que todos aquellos que estuvimos involucrados en ese proceso nunca olvidaremos aquella labor, una labor que nos mostró las dos caras de la humanidad: el horror de saber que la muerte es un pan que se come cada día, en especial los pobres, y el perdón, que solo se logra cuando los personas entienden que aquello es lo fundamental para salir adelante y ser mejor personas, una persona que puede decir sí, que es libre.
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