viernes, 7 de agosto de 2009

Reflexión de una noche con nostalgia


Hay días que no deben salir de esa urna llamado destino. Días que deben quedarse para el recuerdo de ese dios dominical que se recuesta en su jardín.
Hay noches que no deben de ser noches, solo reflejos del día; noches como esta en que los recuerdos se hacen carne y sangra la herida que nunca pudo cerrarse.
En esos días, como hoy, recorro mi tiempo, mis noches que fueron carne de cuchillo, mis sueños que se marchitan en el cordel de mi ventana, mis ilusiones que simplemente fueron tinta y nunca cuerpo.
Hoy recuerdo pisadas, ladridos, estrellas rotas, cielos negros con vida, esperanzas plantadas en el refrigerador, notas de papeles que se hicieron árbol, lágrimas que sirvieron de control remoto para prender una vida, etc.
Hay días en los que uno no quiere ser uno ni dos, tan solo el elemento neutro para no ser nada. Días y noches en los que uno se pregunta el por qué de las cosas, el por qué del cemento o el por qué de unas palabras...

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