jueves, 2 de julio de 2009

Cara azul V

Luego de limpiarse la sangre de la cara y borrar las huellas digitales con un poco de alcohol, se quitó la gorra de la cabeza revisando que no se la haya caído ningún cabello durante el forcejeo, el sudor le estaba sofocando, había sido lo más difícil que había hecho estos últimos meses.
Es que uno no espera que luego de dispararle a la cabeza a un sujeto, siga todavía con vida; por ello se sorprendió cuando decidió acercarse para verle por última vez el rostro lleno de sangre y de recuerdos.
No podía darse el lujo de gastar una bala más en él, era muy trabajoso limarlas, hacer que sean únicas, modificar el cañón de su arma todas las semanas para que cada disparo sea distinto de otro; por eso lo ajustició con el arma más antigua utilizada por el hombre, con una burda roca.

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El hombre se le abalanzo luego de pegar un grito en la noche; sabía que tenía pocos minutos, que tenía que actuar antes de que algún vecino curioso se asome a una ventana.
Eran contadas la veces que había dado puñetazos a otra persona, por ello cayó tendido en la tierra cuando el sujeto se le abalanzo.
Una piedra puntiaguda logró salvarlo, la cogió cuando comenzaba a sentir que su cuello era dañado por las manos del hombre, la incrustó justo en el orificio de la herida, la incrustó una vez más, la sangre le cayó en la cara y el hombre dejó de moverse.

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El despertador sonó como de costumbre a las 6:30 a.m., era hora de preparar el desayuno y de levantar a su hijo para que vaya a la escuela.

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