viernes, 3 de julio de 2009

Cara azul VI

Hacerlo con una mujer no fue nada agradable, sentir como desfallecía una mujer en sus manos fue algo que lo inquietó por lo menos una semana, sobre todo la forma como lo miraba. Imaginar que esa mujer pudo ser madre es una cosa que se tomó bien a pecho, pero no por ello le impedía seguir con su propósito.
Pensó que tal desagrado pudo haber sido a causa de que era la sexta persona, y no sabía bien por qué ese número le había marcado tanto en su vida; por ello hizo que el hecho ocurriera a esa misma hora, a las 6 de la mañana.

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Se despertó a las 4 de la mañana, cogió el arma; por un momento dudó si usar algo nuevo, aunque era muy improbable que algún policía sospechara de que todos esos asesinatos tuvieran un solo autor, ya que siempre había sido precavido, tratando de pensar como un detective y saber por dónde buscar, qué pista no dejar o dejar alguna falsa, algún cabello encontrado en la calle o en el autobús, un pedazo de uña en alguna oficina, o decorar con huellas digitales falsas de un par de manos cercenadas a cadáveres en algún cementerio y que conservaba en formol.
Sabía en dónde vivía la mujer, mas no con quién lo hacía; pero eso no le importó tenía que cumplir su cometido, ella salía siempre a correr en las mañanas a la una alameda que quedaba a pocas cuadras de su casa, la esperó justo en el lugar más solitario. Para su suerte no había carros alrededor de ellos en ese momento, fue justo allí que sacó la jeringa y se la clavó justo debajo de la oreja.
La vio caer de rodillas, tocarse el lado herido, verse su mano manchada de sangre, voltear y ver quien era el que había hecho eso; la vio tratando de murmurar algo, pero el ácido era más fuerte y rápidamente llegó a su cerebro, sus ojos se comenzaron a poner rojos o amarillos, no pudo distinguir bien y siguió corriendo como un deportista más de esos que hacen footing por las mañanas.

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