jueves, 23 de julio de 2009

Anécdotas de Ferias del libro de Lima


Hoy empieza una nueva edición de la Feria del libro, para ser más exactos, la décimo cuarta. He asistido a estos eventos desde 1999, año en que ingresé a la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la San Marcos, ahora que me doy cuenta desde hace 10 años, a la cuarta edición.

Recuerdo muy bien mi ingreso al mundo de las ferias del libro, estaba vestido con un sobretodo marrón y unos jeans celestes. Recuerdo que un señor bien elegante se tropezó conmigo mientras veía una exposición de fotos y que se disculpó conmigo mirándome de la cabeza a los pies, quizá, eso creo yo, pensando que era uno de esos jóvenes poetas que solían vestirse raro, o es que acaso se sorprendía al ver con alguien con un sobretodo.

Otro de los momentos vividos en la feria del libro, ocurrió en San Miguel, cuando todavía se realizaba esta actividad en la ex Feria del Hogar (lo que ahora es Totus). Estábamos parados con mi amigo Marlon cerca del estante de Peisa, hablando sobre un libro que nos habían mandado a leer en el curso de Interpretación de textos literarios, la novel finalista del premio Rómulo Gallegos, País de Jauja, de Edgardo Rivera Martínez.

No recuerdo exactamente qué es lo que dije, pero era algo acerca de que la novela si bien me parecía buena, era muy densa, un ladrillo de pared, y que el lector se perdía en ocasiones. Hablamos un poco más, hasta que me voltee y vi detrás nuestro al autor del libro mirándonos con sus gruesas gafas como esperando que le digamos algo en su cara. Nosotros tan solo atinamos a retirarnos, creo que avergonzados.

Han pasado algunos años de esa ocasión y pienso si Edgardo Rivera Martínez se habrá incomodado sobre mi comentario, quizá pueda pensar que cosa sabe este mocoso; o a lo mejor lo tomó esa crítica como algo que no cree que verá publicado en alguna revista o periódico. No lo sé, me quedará por siempre en la mente aquella anécdota.

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