miércoles, 24 de junio de 2009

Cara Azul IV

Lo último que sintió fue que la acera tocaba su frente.

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Le cortó el nervio del pie para que no pueda caminar, le miró a los ojos y con una piedra punteaguda le reventó el derecho.
Su plan era perfecto esperarlo toda la madrugada si era posible por las calles de su barrio echado en esos arbustos que podrían disimular la figura de un ladrón o de un psicópata.
Nunca supo la razón, pero sabía que pasaría por aquel lugar y que ese sería el momento preciso para cortarle el pie.
El resto es historia conocida, súplicas, yo no quize hacerlo, te lo juros, cortes, etc. Era la hora de su muerte.

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