viernes, 26 de junio de 2009

Apreciación particular sobre la muerte de Jacko


Debo admitir una cierta vocación por quien en vida fue Michael Jackson, sobre todo por su disco Thriller, que escuchara cuando era aún niño y trataba de imitar esos inimitables pasos o buscando la prenda más vieja para hacerle más huecos y lucir como uno de esos muertos vivientes que acompañaban la coreografía del buen Michael.
Ha muerto un rey y ha consternado al mundo entero. Miles de sus fieles seguidores lo lloran, lo reclaman, se reunen en diversas plazas de su reino, desde Tokio, Berlín, Johannesburgo, Nueva York, Lima, y un largo etcétera.; se unen para cantar alabanzas al rey, para rendirle tributo, para decir que Michael era un ser humano como ellos que les dio lo mejor de sí en sus mejores años y que trato, como todos anhelamos, de ser feliz.
El mundo llora la partida de un buen artista, del bailarín que desafiaba la gravedad lunar con sus pasos y que construyera a su antojo la década de los ochenta (para muchos la última década que mereció la pena vivir), popularizando la estética y la cultura pop por todo el planeta; se llora la partida del ser humano que entregó mucho de sí a causas sociales, quizá como queriendo borrar algo que le pesaba en el alma o queriendo llenar ese vacío que se formó en él de niño.
Señores se fue el rey sin habernos enseñado con éxito como realizar la caminata lunar, a pesar de que Youtube diga lo contrario, se fue dejándonos lo mejor que supo hacer: música, esa música que aún nos hace movernos en algunas discotecas retros.
Se fue un hombre que trató de ser feliz, a su manera, y que luchó por ello; un ser que le puso música a una generación y que se hizo rey desde muy niño, un rey que se dio al mundo y que no pudo con el peso de este ni con las nuevas generaciones. God save the King.


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