jueves, 4 de junio de 2009

Algo

Hay un momento para creerse vivo, otro para creerse muerto o semienterrado. Hay momentos en donde deseamos tener lengua y otros en donde daríamos todo por tener solo media mano. Hay momentos en donde buscamos la sonrisa de un amigo, la mano vacía de un soldado sin mirada; otros en donde nos movemos como el tiempo que no podemos mover.

Hoy no entiendo si el sol se ha posado en esta parte del mundo con la llama izquierda o si es que me puse los zapatos al revés; o si es que tanto la vida como mi cielo no deberíamos haber salido de la
cueva.

Ayer falle, escribí en carne unas palabras que no debí de escupir, mordí una escopeta y me atoré con el aroma de mayo que aún queda en mi cabeza. Ayer me llene de palabras en el café, me arrodille en las cenizas de aquella imagen que aún era fuego.

En dónde me encuentro, en dónde me muevo, soñé que no era un perro deshollada, y que la matrona me alimentaba de palabras del ojo de dios; ayer cogí una vez más mi lengua y la clave en el madero, en los clavos de los clavos.

Hoy, lo admito, escucho una radio extranjero, finjo que aún puedo sonreír y creo que algún día podre caminar por las veredas sin que los clavos desgarren mis pies.



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