viernes, 8 de mayo de 2009


Hay días en que embarca la duda, días en que uno dice por qué hago estas cosas. Hoy es uno de esos. y esbien curioso si uno se piensa a pensar detenidamente, sobre todo si es que no cuenta con muchos recursos económicos que lo sustenten.

Tener que trabajar para pagar los estudios, tener que no trabajar para llevar un buen ciclo académico. Tremendo dilema... O trabajo como abeja obrera en panal y junto dinero para pagar mis clases, lo cual me consumiría buena parte de mi tiempo en el día y me dejaría sin fuerzas para mover la pierna o generar una buena idea (aunque estas siempre llegan en el momento menos esperado), o tener que dejar de trabajar para dedicarme de lleno a mis estudios y ser un buen estudiante, tener un buen promedio y salir con méritos del lugar en donde estoy.

Uno puede pensar "nada es barato en esta vida", "todo cuesta". Claro, pero eso no genera un buen rendimiento en la persona que se envuelta en este dilema. Pero como abejas obreras que se mueven dentro de un sistema, muchos de nosotros tenemos que seguir en este sinrazón (o tiene razón el hecho de estudiar algo en la vida para trabajar, trabajar, trabajar y nunca acabar de trabajar y tan solo parar cuando ya seamos ancianos y el cuerpo no nos dé para disfrutar de la vida).

Cuesta, duele, ciega, estar de llenos en esta vida, dejar de lado los sueños que muchas veces tan solo se quedan en sueños y dedicarse de lleno al trabajo.

Una cosa antes de acabar con este rebelde artículo, los griegos decían que el trabajo dignifica al hombre. Claro, dicho trabajo consistía en una actividad intelectual que solo los ciudadanos de las polis podían hacer, no las mujeres ni mucho menos los esclavos, quienes no eran considerados como seres humano y hacían el trabajo físico e inhumano que eregía la sociedad griega. En este siglo somos esclavos o somos ciudadanos, he allí una gran interrogante.

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