domingo, 12 de abril de 2009

Tu envidia es mi progreso


Hace tiempo me encontré con un amigo de la infancia, uno de esos con los que peloteabas de sol a sol en los veranos. Nos reconocimos, una chelita, palabras acerca de cómo te había ido, a qué te dedicabas y, la clásica y punzo cortante, qué sabías de los demás. Esa pregunta es la que saca más roncha. Es una oportunidad de raje, de maldecir o bendecir a un otro.

Nos pusimos a hablar de M, este ahora trabajaba para un banco, era gerente, creo, y tenía un carrazo que era la envidia de todo el barrio. Hasta allí todo bien, hasta que mi amigo me dijo "capaz está haciendo sus jugadas". Plop, el corte de la conversa. Me despedí diciendo que tenía algo que hacer.

Es que acaso uno no puede progresar sin que un otro te tenga envidia y te vilipendié frente a otros; es acaso que el verdadero enemigo de un peruano es otro peruano.

Es duro reconocerlo pero parece que sí, es que somos un país inmaduro, adolescente que aún busca un norte para crecer. Un lugar en donde el progreso es visto como un pecado, como un acto que nadie debe cometer porque si uno progresa, si uno es más que otro es condenado a la hoguera.

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