jueves, 19 de marzo de 2009

La teta mentada


El dolor no conoce de tiempo, se manifiesta así cambien los gobiernos,

las personas nazcan, crescan o mueran:

el dolor es un compañero que se nos apega como una madre.


Ayer fui a ver la Teta asustada, luego de buscarla por dos salas de cines del centro de Lima la encontré en un cine de antaño, no tan cuidado la verdad. Tal como imaginé la sala estaba medio llena, debido, quizá, a las críticas y halagos que la prensa y la crítica han tenido con este nueve filme de Claudia Llosa.
Es que la expectativa de una película peruana ganadora de premios internacionales merecía tal atención; sin embargo, he aquí la gran pregunta, está el público peruano preparado para este tipo de películas. Lo digo porque al finalizar la proyección de La teta asustada note a la gente con una sonrisa forsoza, como alguien que debe de sonreir por el hecho de que todos lo hacen.

Claro, La teta asustada es un filme artístico, expresionista, oscuro; es un filme europeo y no uno americano o peruano folklórico como muchos peruanos imaginan ver, es decir, ver gente bailando alguna danza típica, escuchar un huayno festivo, etc. No hay una carnavalización de la historia; sino una anticarnavalización al estilo de Bajtin; es decir, un anticarnaval, no se crea un mundo organizado, sino que estamos ante la presencia de una destrucción de un mundo creado por la madre, es matar a la madre y tratar de renacer, cosa que ocurre en la película.

Estamos ante una expresión cercenada de la vida, ante una mirada que no quiere ver, el mundo de Fausta es un mundo que no se quiere ver, es esa mirada que desconoce un ministro del interior, algunos congresistas, un presidente sin memoria, un buen número de peruanos que piensas que esas cosas deben de estar calladas y sepultadas.

Por otro lado, me voy por las vertientes que creen que esta película está desacretidata porque es mostrada por una "blanquita pituca" que no conoce el Perú, puede ser que Claudia Llosa no haya pasado los momentos tanáticos que vivieron muchos peruanos en esas dos décadas; pero no dudo que Magaly Solier no lo haya hecho, hija del sufrimiento, creció con el sufrimiento de ver a su pueblo morir bajo las manos de la violencia política y eso se refleja ricamente en su actuación. La teta asustada puede ser una visión europea de la realidad peruana, pero no por eso pierde fuerza y carga semiótica que lo hacen un gran filme.

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