lunes, 16 de marzo de 2009

Confesiones de la espalda de un falso blogadicto


No soy un bloguero o blogger o como se le quiera decir, tan solo uso este medio para sacar aquellos pensamientos, sueños o pesadillas que se acumulan en mi mente. Y es que la escritura es eso, un modo de catarsis que muchos de nosotros tenemos, un modo de desahogo ante un mundo que no podemos comprender y que no nos quiere entender. Alguien se ha preguntado cuántos somos, cuántos blogs hay y, sobre todo, cuántos lectores de estos hay.

Soy conciente de que me leen menos de cinco personas, acaso esperaría más... No lo creo, no comprenderían lo que escribo, ya que uso eso que denominamos chistología, un modo de tomar la vida por cinco chicos de la facultad de letras de la San Marcos (mi voz interna me dice mi público objetivo) es solo entendida por ellos y por poquísimas personas que creo que me entienden o que tratan de entenderme.

En todo caso, para mi un blog funciona como un medio de comunicación más "quemado", más libre, quizá íntimo, es un lugar en donde pones tus confesiones que no te atreverías a decir de frente a un amigo; pero que por este medio no sabes por qué se te escapa y te liberas, quizá por esa complicidad con el silencio y la ceguera, el hecho de saber que casi nadie lee un blog de un desconocido.

Quizá por eso sigamos escribiendo, porque sabemos que casi nadie nos visita y porque el hecho de escribir, de pensar al escribir, es una actividad relajante, catártica que nos desatada los temores y traumas. Es como gritar frente a un mar, teniendo la tímida certeza de que alguien nos puede escuchar y quizá replicar.

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