sábado, 21 de febrero de 2009

Confesiones analíticas de Tánatos


A quién no le provocaría patear suavemente a un niño para que se calle. Claro, hablo en un "modo simbólico", a quién no le gustaría pasar las manos por el cuello de un infante y apretujarlas con una insana ternura diciéndole "papito, cállate, por favor".

A menudo, cuando queremos tranquilidad, aparecen esta sarta de engendros que nos hacen perder la paciencia, nos sacan de quicio con sus lloriqueos, con sus "damedamedame", como si todo lo que existiera en la tierra fuera de ellos, lo cual se debe a una mala educación, culpa, lógicamente de sus padres.

Me viene a la mente también aquel cuento de Oscar Wilde, El gigante egoísta, en donde describe el comportamiento altamente egoísta, egocéntrico y despiadado de este tipo de personitas. A esto habría que sumar los estudios psicoanalíticos que confirman todo lo descrito por Wilde. ¿Deberíamos de preocuparnos, entonces?

Esta respuesta variaría de acuerdo con los patrones culturales de cada sociedad. Analizando el caso peruano, uno podría apreciar varios factores que influyen en esto: la violencia política de las décadas de los ochenta y de los noventa, la escasa preocupación del Estado hacía la educación, el poco tino que este tiene hacia lo que debería de ser la salud mental.

En el caso de la sociedad peruana, el hecho de que no haya una política de planificación familiar, el papel "tradicional" de la Iglesia peruana frente a esto (no al control de natalidad), la falta de una cultura de sexo responsable, hacen que ahora veamos en cada esquina a esos famosas aves que nos abordan: las pandillas, hijos de la violencia política, del gobierno de Fujimori, del desdén de la sociedad peruana.

Desde dónde empieza esto, las ganas de matar a un infante se originan desde el saber que estos invaden nuestro espacio. En general, al ser humano no le gusta que un otro invada su espacio, menos que lo invada con ojos fisgones y nos observen como lo hacía el Chavo del ojo a Don Ramón (a muchos de nosotros nos hubiera gustado ver al Chavo con la cabeza rota y con sangre a manos de Don Ramón).

En fin, sé que estas líneas no tiene ni pies ni cabeza, pero es un modo de desahogo ante toda la incomodidad que crean en mi lo chukys. Por eso no deseo tenerlos, un mundo como el nuestro no está preparado para más gente, el hombre de hoy no es hombre, solo masa de carne que desea ser tánatos, como yo.

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