lunes, 29 de diciembre de 2008

Confesión desesperada


no sé por qué no escribo

no escribo ni espuma en mi boca

ni manchas en las paredes de mi baño


no escribo ni pisadas

ni caminos cercados que me lleven hacia ti

ni que me pierdan en donde quisiera perderme


pero no escribo

mi mano se cae cada mañana cuando trato de ser luz

mi carne se pierde en mis pensamientos cuando empuño el lapicero


no, no, no

las combis no me dejan acabar un poema entre sus baches

el cielo de Lima se me cae por lo ojos y me vuelvo polvo un instante

pero me pongo pantalones una sonrisa en la mano

y salgo a trabajar


quemo mis dedos en el umbral de una maquina de café

y quemo esos dos versos en donde te decía que eres el sol


pero no me concentro

y tiro piedras a las lunas de los carros que obstruyen mis pasos

y reviento los globos de los niños que se caen raspándose las rodillas

y el verso

el lejano y gris verso

se me cae de la cama cada mañana

se me pierde mientras me lavo la cabeza con humanidad

se me enreda en el peine y en las agujetas de mis zapatos

se me va en la espuma del jabón que se pierde por donde mi vida se va

por aquel agujero que nos contacta con la inmensidad

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